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Opinión
Redacción Cultura
17:02
09/05/18

El Luther King que jamás nos han contado

El 4 de abril de 1968, Martin Luther King era asesinado en Memphis de un tiro en la garganta. Su muerte se atribuyó a la venganza individual de un fanático racista, pero sobre la versión oficial sigue existiendo hoy algo más que una sombra de sospecha.

El Luther King que jamás nos han contado

Medio siglo después, la familia de King sigue luchando por saber la verdad. Y un jurado local del condado de Shelby llegó a dictaminar que los gobiernos locales, estatales y federales de EEUU habían sido responsables de la muerte de Luther King.

Para comprender como en los convulsos años sesenta un pastor protestante negro se convirtió en un problema a eliminar, es necesario conocer al Martin Luther King que jamás nos han contado.

Nada tiene que ver con ese inofensivo e inocuo santo laico que nos presentan cada año, en la conmemoración de su asesinato, los grandes medios. No es el liberal edulcorado cuya fecha de nacimiento se celebra como día nacional en muchos estados norteamericanos.

La línea defendida por Luther King tenía un contenido revolucionario inasimilable para el poder real en EEUU.

No es casual que se encontrara en Memphis el día de su muerte. Había acudido allí para apoyar la lucha de los basureros negros, sometidos a infames condiciones de superexplotación y a los que se prohibía la posibilidad de sindicarse. Había dado un vibrante discurso en el Templo Obrero de Memphis, e iba a encabezar una manifestación reclamando subidas de salarios y derechos laborales.

Luther King sabía que la conquista real de los derechos de la población negra exigían un cambio social. Por eso afirmaba que “la lucha negra ha evolucionado, afortunadamente, en algo más que la búsqueda de la eliminación de la segregación racial y la igualdad. Se ha convertido en un desafío a un sistema que ha hecho milagros en la producción y la tecnología pero no ha sido capaz de hacer justicia”.

Señalaba con rotundidad a los culpables: “deberíamos  denunciar a aquellos que se resisten a perder sus privilegios y placeres que vienen junto a los beneficios adquiridos de sus inversiones, extrayendo su riqueza a través de la explotación”.

Y llamaba a la unidad y la lucha a los explotados y oprimidos: “Los desposeídos de esta nación -los pobres, tanto blancos como negros- viven en una sociedad cruelmente injusta. Deben organizar una revolución contra esa injusticia”.

El Luther King más radical se revuelve desde el mismo corazón de la bestia contra el imperio norteamericano. Un año antes de su asesinato lanzó uno de sus mejores discursos: “Más allá de Vietnam”. En él señala al gobierno norteamericano como “el máximo agente de violencia hoy en el mundo,  gastándose más en los instrumentos de muerte y destrucción que en programas sociales vitales para las clases populares del país”.

Con voz atronadora se posicionó contra el imperio y al lado de los pueblos del mundo: “Hablo como hijo de Dios y hermano de los pobres que sufren en Vietnam. Hablo por aquellos a quienes se les están arrasando sus tierras, cuyas casas se están destruyendo y su cultura minando. Y hablo de y por los pobres de Estados Unidos que pagan el doble precio de unas esperanzas perdidas en casa y de la muerte y la corrupción en Vietnam”.

En 1967 el reverendo King habia condenado “los tres diablos que caracterizan el sistema de poder en EEUU: el racismo, la explotación económica y el militarismo”. Remarcando que “las  fuerzas que consiguen enormes beneficios a través de las guerras son las responsables de la enorme pobreza en nuestro país”.

Y dirigió la lucha hacia la necesidad de acabar con el imperialismo, recordando que “los males del sistema moderno son de alcance internacional, porque los países pobres son pobres principalmente porque [las naciones occidentales] les han explotado a través del colonialismo político o económico”.

No hablaba en general. Concretaba certeramente su mensaje: “Los estadounidenses, en particular, deben ayudar a su nación a arrepentirse de su imperialismo económico moderno”.

Dejó clara su defensa de la no violencia como forma de lucha, pero recordando que “la violencia más importante la realizan los responsables políticos de la sociedad blanca, que han creado la discriminación en los barrios pobres, perpetuando el desempleo, la ignorancia y la pobreza”.

Y jamás llamó a la pasividad que siempre conduce a la resignación, sino a la organización y la lucha, porque “la libertad nunca es entregada voluntariamente por el opresor, debe ser exigida por los oprimidos”.

No, no eran pequeñas reformas lo que Luther King perseguía. Dejó claro que “sólo mediante un cambio estructural se podrán eliminar los males actuales, porque las raíces están en el sistema y no en las personas o en un funcionamiento defectuoso”.

Y no eran conquistas limitadas por las que llamaba a luchar, ya que “la tormenta crece contra la minoría privilegiada de la tierra, y la tormenta no disminuirá hasta que haya una justa distribución de los frutos de la tierra”.

Un pastor protestante exigiendo que el mundo cambie de base. A muchos les sorprenderá, pero Luther King estudió con simpatía las obras de Marx en su juventud, y llegó a afirmar que “el verdadero problema que hay que afrontar más allá de cuestiones superficiales es la necesidad de una revolución social radical. Si queremos alcanzar la igualdad real, los Estados Unidos tendrán que adoptar una forma modificada de socialismo”.

Tras su multireproducido discurso -”He tenido un sueño”, difundido como emblema de la reconciliación- pronunció otro mucho más punzante, y por eso silenciado, en el que confesaba: “He visto mi sueño destrozado al caminar por las calles de Chicago y ver a los negros, hombres y mujeres jóvenes, con un sentido de completa desesperanza porque no pueden encontrar ningún trabajo... He visto mi sueño destrozarse al recorrer los Apalaches y ver a mis hermanos blancos junto a los negros vivir en la pobreza”.

Remachando con una frase que nos es imposible ubicar en EEUU pero que fue pronunciada por Martin Luther King: “la lucha central en Estados Unidos es la lucha de clases”.

¿Comprenden ahora por qué Luther King era tan peligroso para Wall Street, para el Pentágono, para el FBI...?

Fuente: LaVerdad.

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