Sábado. 25.11.2017 |
Opinión
Redacción Cultura
10:53
27/09/17

La ruptura de las naciones

La actual situación en Europa no es algo extraordinario. Esta fue predicha de alguna manera. Es más, varias veces las previsiones fueron realizadas por gente que tenía puntos de vista opuestos al sistema político en esta parte del mundo. La única diferencia es que algunas personas consideraron la creación de la UE como un error del sistema, mientras que otros la estimaron solamente como un paso intermedio para el futuro proceso de la desintegración de los Estados nación y la creación de una sociedad civil global.

La ruptura de las naciones

Estos dos puntos de vista ahora están encarnados en la crisis europea, y el futuro desarrollo de los acontecimientos mundiales dependerá solamente del punto geopolítico de bifurcación.

Vamos a considerar estos dos casos con ejemplos específicos. Como comparación, las ideas expresadas en los trabajos con títulos similares – “La ruptura de las naciones” y “Rompiendo las naciones” van a ser consideradas.

La primera fue publicada en 1957, y la segunda apareció en 2003. El primer trabajo fue escrito por un jurista, economista y científico político de origen austriaco. Leopold Kohr había estado ocupando la posición de profesor de economía y administración en la universidad de Puerto Rico durante unos 20 años. También estuvo inspirado por el movimiento ‘Small is Beautiful’ (‘Lo pequeño es hermoso’). Kohr se denominó a sí mismo como un anarquista filosófico, aunque nunca había defendido las actividades anti-estatales. Fue un opositor de los grandes proyectos, incluyendo la integración Europea. En 1941, Leopold Kohr predijo no solamente la falacia de crear un sistema supranacional en Europa, sino también el colapso de la Unión Soviética. Incluso durante la segunda guerra mundial, analizó el equilibrio de los grupos étnicos y llegó a la conclusión de que tanto los regímenes nazi y soviético estarían condenados. Como la historia nos mostró, su análisis resultó ser certero. Aunque solamente algunos investigadores han girado hacia sus principios teóricos.

La aproximación de Kohr a la Confederación Suiza es bastante precisa, no es una confederación de grupos étnicos y lingüísticos, sino que es una confederación de regiones.

“De hecho, las bases de la existencia de Suiza y el principio de convivencia de varios grupos nacionales no es la federación de sus tres nacionalidades sino la federación de sus 22 estados, que representa una división de sus nacionalidades y de este modo crea la precondición esencial para cualquier federación democrática: El equilibrio físico de los participantes, la igualdad aproximada de los números. La grandeza de la idea suiza, por tanto, es la pequeñez de sus celdas desde la que se derivan sus garantías.

La gente que defiende una unión de naciones en Europa porque creen que este tipo de unión ha sido realizada y de tal modo demostró su practicabilidad en Suiza, nunca han basado sus maravillosos esquemas en el principio de la soberanía cantonal o de pequeños Estados. La idea nacional mucho ha preocupado las mentes de los pensadores políticos, y en contraste, la noción de Estado es mucho más flexible, adaptable y multiplicable que aquella de la nación, la cual ha quedado en desuso casi completamente. La virtud ha sido vista solamente en los grandes y los más grandes, mientras que las entidades más pequeñas han sido pensadas y enseñadas como que son la fuente de los malhechores y el mal. Hemos sido educados en el culto de la masa, de lo universal, de lo colosal, y nos hemos alejado de lo minúsculo, de lo completo y universal a la escala más pequeña – lo individual, que es el protoplasma de toda vida social. Hemos aprendido a alabar la unificación de Francia, Gran Bretaña, Italia, y Alemania en la creencia de que estas darían nacimiento a una humanidad unificada. Pero solamente crearon grandes potencias”, como él escribió en su trabajo “Desunión ahora: Una súplica para una sociedad basada en pequeñas unidades autónomas”.

Leopold Kohr defiende el principio, que glorifica la soberanía de los más pequeños y no de los más grandes estados del sujeto – Leinstaaterei, como se dice en alemán. Él dice que nadie conoce lo que el término “humanidad” realmente significa y por qué deberíamos incluso morir por ello. Unionismo y colosalismo no resultarán en nada bueno. Es más, el unionismo sólo es otra expresión del totalitarismo. Esto es un sistema de partido único, que es trasplantado a la esfera internacional.

“No solamente la historia sino también nuestra propia experiencia nos ha enseñado que la verdadera democracia en Europa solamente puede ser alcanzada en pequeños Estados. Solamente ahí, el individuo puede retener su lugar y dignidad. Y si la democracia es una idea que merece la pena, tenemos que crear de nuevo las condiciones para su desarrollo, el Estado pequeño, y dar la gloria de la soberanía (en vez de restringir una institución desde la que nadie quiere partir) a las comunidades más pequeñas posibles y a tantas personas como sea posible. Será fácil unir a pequeños Estados bajo un sistema federal continental y de este modo también satisfacer, en segundo lugar, a aquellos que quieren vivir en términos universales. Tal Europa es como una inspiración fértil y una imagen grandiosa, aunque no una moderna que pueda pintarse en una línea sosa. Será como un mosaico con variaciones fascinantes y diversidad, pero también con la armonía del todo orgánico y viviente”.

Y esta es casi la misma idea de la confederación eurasianista, ¡expresada justamente en otras palabras!

Sin embargo, su trabajo más famoso fue “La ruptura de las naciones”. En este libro, Leopold Kohr aportó argumentos filosóficos, políticos, culturales, económicos y administrativos a favor de los pequeños actores estatales.

En la parte titulada “la física de la política: El argumento filosófico”, escribió: “Esto no es un accidente, para la pequeñez no es solamente una conveniencia. Es un diseño de Dios. Todo el universo está construido en ello. Vivimos en un micro-cosmos, no en un macro-cosmos. La perfección ha sido concedida solamente a lo pequeño. Solamente en la dirección de lo minúsculo llegamos a un final, a lo finito, a la frontera, donde podemos concebir el misterio último de la existencia. En dirección de lo colosal no llegamos a ninguna parte. Puede que sumemos y multipliquemos, y produzcamos cada vez más vastas cifras y sustancias, pero nunca un final, pues no hay nada que no pueda hacerse de nuevo al doble, aunque multiplicar por dos en el sentido físico en seguida significa el colapso, desintegración, catástrofe. Hay una barrera invisible para el tamaño más allá de la que la materia no puede acumularse. Solamente las sombras matemáticas no existentes pueden penetrar más allá. La división, por otra parte, nos trae finalmente a la existente, aunque invisible, sustancia última de todas las cosas, a las partículas que desafían cualquier división más. Estas son las únicas sustancias que la creación ha dotado con la unidad. Sólo éstas son invisibles, indestructibles, eternas. Lucrecio ha denominado a éstas como los primeros cuerpos o partículas primarias y, en una pieza insuperada de raciocinio, lo ha argumentado en la naturaleza de las cosas”.

Aunque a primera vista parece que Leopold Kohr está apelando a la atomicidad de ideas de Demócrito y el individuo (que, en un sentido, puede ser transferido a la práctica del liberalismo y el multiculturalismo), pero no es así. Desgraciadamente para muchos anarquistas, nihilistas que fueron materialistas (especialmente siguiendo las ideas de Piotr Kropotkin, que intentó dar ejemplos de estudios científicos como poder de anarquía), Leopold Kohr siempre habló sobre Dios y su voluntad, que era necesaria para intentar comprender desde la perspectiva de la organización estatal.

“Hay dos vías por las que el equilibrio y el orden pueden ser alcanzados. Una es por medio de un equilibrio estable y la otra es por medio de un equilibrio móvil. Cuando se hallan en su elemento propio, ambas se autorregulan. El equilibrio estable es el equilibrio del estancamiento y lo enorme. Crea equilibrio al poner dos objetos en una relación mutua, fija y sin cambios, tal como una casa con su terreno, o una montaña con su llanura. En vez de crear armonía, amolda sus diversas partes en la unidad. Siendo el equilibrio de lo rígido y fijado, podría concebirse como un principio universal solamente si el universo fuera inmóvil, parado, sin vida. Entonces la existencia de solamente unos pocos grandes cuerpos produciría sentido y, por esa materia, incluso la existencia de una sola. Pero en la enormidad sin fondo del abismo de la creación, podría mantenerse solamente por la voluntad siempre consciente de Dios mismo quien, para prevenirla de caer en alguna parte, no habría de hacer nada más que mantenerla perpetuamente en sus manos. Dado que esto no fue obviamente su intención, en cambio, creó un universo móvil, latiente y dinámico, mantenido en orden no por unidad sino por armonía, y basado no en el estable equilibrio de la muerte, sino en el equilibrio móvil de la vida. En contraste con el equilibrio estable, este equilibrio se auto-regula, no debido a la fijeza de sus relaciones sino debido a la coexistencia de sus incontables y pequeñas partes móviles de las que a nadie jamás se permitió acumular masa suficiente como para alterar la armonía del conjunto”.

Kohr conecta el marco político con la idea de democracia interna, que depende de la comunidad. “Un pequeño Estado en su naturaleza interna es democrático. Los gobernantes de pequeños Estados podrían ser considerados como vecinos de ciudadanos…”.

Las ideas de Kohr no son mencionadas ampliamente, aunque el ejemplo de Suiza podría servir como prueba de validez de sus ideas. Es más, puede añadirse que la mayoría de los Estados-nación a día de hoy en Europa también necesitan ser “desfragmentados” para erradicarles completamente del espíritu burgués de nacionalismo y la “instalación” errónea, en que la Ilustración destruyó intensivamente las tradiciones y cultura de los pueblos de Europa, imponiendo la burocracia en su lugar.

El autor de otro libro de nombre similar “Rompiendo las naciones: Orden y caos en el siglo XXI”, es Robert Cooper, un diplomático británico y teórico de la estrategia. En el momento en que apareció su trabajo en 2003, servía como Director General para asuntos externos y político-militares en la secretaría general del Consejo de la UE.

A pesar de los títulos idénticos, las ideas y aproximaciones en estos dos trabajos son completamente diferentes.

Si Kohr propone fortalecer la soberanía en la base, entonces Cooper, por el contrario, cree que la soberanía debería ser completamente destruida.

“La soberanía del Estado posmoderno, tiene derecho a un lugar en la mesa de negociación”, dijo.

La mayor parte de su trabajo es controvertido. Por ejemplo, declara: “Liberalismo y nacionalismo pueden caminar juntos a día de hoy justo como hicieron durante los siglos XVIII y XIX los Estados emergentes desde una u otra forma de gobierno imperial”.

¿Por qué esto es posible? ¿Para destruir permanentemente la cultura nacional o para manipular los movimientos y partidos que apelan a la identidad nacional? Cooper probablemente parece que tiene ambas en mente.

En la segunda parte, declaró que “mucha gente está subyugada por las ideas más que por la fuerza”, pero más tarde en el mismo capítulo declara que “mucha gente está inclinada a las ideas, no por la fuerza”, pero “las instituciones europeas fortalecen la cooperación internacional mediante el fortalecimiento de la soberanía... El acuerdo de Orden Público de la UE hace posible la acción policial en otros países”. 

¿Dónde está el imperio de la ley y las ideas, si bien los “Estados miembros de la UE han perdido los derechos exclusivos a la adopción de leyes”?

También, él habla cautelosamente sobre el islam, que podría convertirse en la base para un nuevo imperialismo.

Y él menciona la región del pacífico, donde la cuestión sobre la consolidación también podría hacerse. Y que ambas cosas según Cooper, son una amenaza no solamente para los intereses occidentales, sino que es el fin de occidente mismo.

En consecuencia, Cooper defiende las ideas de la hegemonía occidental, que va a ser transformado en algo nuevo. El Estado es la idea posmoderna -cual quintaesencia- del liberalismo para él, lo cual es el paso previo para resistir a diferentes formas de identidad colectiva asociada con la afiliación étnica, racial, nacional o de clase.

Cooper confirma que comunismo y fascismo fueron intentos de contener los efectos de la modernización de la sociedad, causada por las ideas de la Ilustración y las innovaciones tecnológicas de la revolución industrial. De ahí que su convicción de que todos los países industriales y posindustriales tienen el potencial de la posmodernidad.

Al final, revela sus cartas y confirma la necesidad para una celebración individual.

“El caos es domesticado por el imperio; los imperios son disueltos por el nacionalismo; el nacionalismo da paso, esperamos, al internacionalismo. Al final del proceso está la libertad del individuo”.

En la misma página dijo que él se refería a la sociedad abierta, que, de hecho, es idéntica a la posmodernidad.

En otras palabras, es casi lo mismo que aquello sobre lo que habló que George Soros e intentó realizar a través de varios proyectos en la práctica. 

Además, Cooper hace una confesión en relación a los intereses de EEUU y la diferencia entre las percepciones europeas y estadounidenses de la realidad.

“Los países europeos están basados en la nacionalidad y la historia. La historia es un disparate para los estadounidenses. Esos países apuntan, no a colonizar el espacio ni el tiempo, en otras palabras, el espacio futuro”.

Esta colonización ha sido exitosamente implementada en Europa occidental a través de un sistema de dependencia política, económica, y militar respecto a Washington.

“El plan estadounidense estaba en el desarrollo de la comunidad global de mercados abiertos e instituciones internacionales, en las que los EEUU jugarían un papel de cabecera… En general, los EEUU han conseguido lograr los objetivos mencionados a través del Plan Marshall, la creación de la Unión Europea, y las instituciones financieras internacionales, particularmente el FMI y el Banco Mundial”.

Nótese la frase “la creación de la Unión Europea”. ¿Acaso los países europeos, empezando con la Unión del Carbón y del Acero, entendieron que detrás de todo aquello estaban los estadounidenses? Ciertamente, algunos de los actores podrían conseguir algunos beneficios de tal asociación, pero ¿durante cuánto tiempo?

La fragilidad de la Unión Europea ya se ha mostrado por sí misma en el Brexit, su incapacidad para hacer frente a los problemas con los inmigrantes y los ataques terroristas, así como la dependencia en algunos países respecto a los dictados de los comisarios financieros.

Y, ¿qué ofrece Robert Cooper para esta agenda política inmediata?

“En política es necesario restringir las manifestaciones de pre-modernos o extranjeros; la reconciliación es posible con los intereses del Estado moderno, pero la paz perdurable solamente podría llegar en la confluencia de identidades posmodernas”, escribe.

Para el conjunto de la UE, esto significa una continuación de la erosión del código cultural de todos los pueblos y países. Como resultado, un nuevo tipo de ‘Homo Politicus’ debería aparecer.

Pero esto solo en teoría. En realidad, la identidad débil será empujada por la más fuerte, y que ahora está representada en muchos inmigrantes, que casi siempre se posicionan como portadores del islam y mostrando poco respeto hacia los indígenas europeos.

Quizá semejante agresión externa podría ayudar a los pueblos de Europa a repensar su papel en la historia del mundo. Puede que intenten recrear su vieja identidad y soberanía hasta donde sea posible en las circunstancias presentes.

Fuente: Katehon. Ver artículo original aquí: "La ruptura de las naciones".

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