Domingo. 25.02.2018 |
Opinión
Redacción Cultura
11:25
12/02/18

Empieza la guerra fría en el Ártico

Empieza la guerra fría en el Ártico

Por su interés reproducimos este artículo de Juan Chicharro Ortega sobre los intereses geopolíticos que rodean el Ártico.

El pasado mes de noviembre en un Foro de Seguridad habido en Halifax (Canadá) el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha abogado por la creación de un Mando de la Alianza con responsabilidades en el Océano Glacial Ártico con la finalidad de vigilar y monitorizar las acciones militares de inteligencia rusas así como contrarrestar las acciones de control de las líneas marítimas y comunicaciones por parte de Rusia. La administración Trumpha acogido esta iniciativa con agrado e incluso prevé aportar al efecto barcos, aviones y submarinos así como la ubicación del cuartel general de este Mando en suelo norteamericano.
La razón de este interés radica en el sentir norteamericano de que Putin va más allá de lo deseable en el control estratégico del Ártico que a modo de ver de los EEUU utiliza  fundamentalmente como santuario de sus submarinos nucleares y a tal efecto está creando una importante estructura militar de apoyo; cierto es que en el 2015 Rusia creó un Mando Ártico al que ha dotado de medios como campos de aviación e infraestructuras consecuentes. En definitiva, a los EEUU no les gusta nada esta aparente hegemonía de Rusia en el control de una zona considerada de interés estratégico que se acrecienta con la disminución real de la capa de hielo.
Lo que está pasando es que como consecuencia del calentamiento global el deshielo se está produciendo a mayor velocidad de la inicialmente prevista. Así es, la superficie actual helada abarca unos 4,2 millones de kilómetros cuadrados lo que supone nada menos que el 50% de la que había en 1972. Tremendo. Si se mantiene este ritmo de deshielo los científicos calculan que en el año 2100 ya no habrá hielo. Esta situación pone sobre el tapete problemas relacionados con la libertad de navegación pero sobre todo por los recursos naturales que allí hay. En efecto, sucede que, conforme a datos existentes, bajo las aguas del Océano Ártico se encuentran el 22% de las reservas de hidrocarburos mundiales. Ahí es nada.

El océano glacial Ártico es el más pequeño y más septentrional de los océanos del planeta. Rodea al Polo Norte y se extiende al norte de Europa, Asia y América. En la actualidad está considerado territorio neutral y puesto bajo el control de la ONU desde 1996. Para ejercer ese control existe un Consejo Ártico cuyos miembros son Rusia, Canadá, Estados Unidos, Dinamarca y Noruega que tienen costas limítrofes con dichas aguas. Islandia, Suecia y Finlandia, pese a no tener costas implicadas, forman también parte de ese Consejo dado que son países árticos. Así mismo en calidad de Observador junto con Francia, Reino Unido, Alemania y Polonia está también España.

La Estrategia para el Ártico del Departamento de Defensa norteamericano establece en sus conclusiones que colaborará estrechamente con aliados y socios para mantener la zona estable y segura; claro que siempre desde la perspectiva de su seguridad nacional y preservando sus intereses. Especial atención merece la dedicada al mantenimiento de la libertad del entorno marítimo y aeroespacial en la zona recalcando que los EEUU preservarán la capacidad de movilidad global de sus fuerzas militares y civiles frente a las incipientes retos de otros protagonistas. Una cita subliminal respecto a Rusia.
Y es que sucede, para la desgracia o mala suerte de los EEUU, que la mayoría de las reservas de hidrocarburos antes citadas se encuentran en el sector ruso del océano. Incluso el servicio geológico de los EEUU reconoce que el 20% de las reservas mundiales de crudo y gas natural no descubiertos se encuentran en la plataforma continental rusa del Ártico. Se calcula que ese potencial de recursos asciende a 100.000 millones de toneladas de gas y de crudo lo que supondría mantener el nivel actual de extracción durante 100 años. Nada menos.

Putin ha sido claro y vehemente manifestando que no aceptará cualquier acción que suponga poner bajo control internacional la parte rusa del océano. Y aún más, considera que la cordillera submarina Lomonosov que cruza el Ártico forma parte de la plataforma continental rusa; lo tiene tan claro que hasta ha pedido al Consejo Ártico que dictamine claramente a su favor sobre este hecho.
Y es en este contexto cuando nos encontramos con las intenciones de la OTAN citadas al principio de estas líneas.

Nos encontramos, por lo tanto, ante un serio problema. Analistas especializados prevén un posible conflicto global. Lo mejor que podría suceder, y sería lo deseable, es que se frenara el deshielo y se postergara el conflicto.

Fuente: Katehón. Leer artículo original aquí: "GUERRA FRÍA EN EL ÁRTICO ".

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