Jueves. 23.11.2017 |
Opinión
Redacción Cultura
17:03
16/06/17

El purismo de Iglesias

El purismo de Iglesias

Excelente columna de opinión de Rafael Álvarez Gil para Canarias7.es en el que muestra con un tono tajante y mordaz su desapruebo ante la actitud de Pablo Iglesias. 

Una cosa es censurar al presidente del Gobierno y personificarte como la alternativa potencial y otra bien diferente es ofrecer lecciones de moral pública a diestro y siniestro. Un ejercicio que, ya en horas de la tarde, llegó incluso al territorio canario cuando Pablo Iglesias tachó de tránsfuga a Ana Oramas y de vendido a Pedro Quevedo. Las diferencias son respetables, faltaría más, pero malo cuando lo haces desde una sensación de superioridad ética irrefutable. Es verdad que en este país los casos de corrupción son múltiples y han instalado la sombra sobre muchas instituciones para desgracia de la ciudadanía. Pero la denuncia política se trastorna en mezquindad cuando implica sentenciar desde la tribuna las visiones diferentes a la tuya.

Iglesias no puede convertirse en un Robespierre posmoderno dispuesto a emplear la retórica de la guillotina. Ese purismo camuflado de pretensiones mayores ni casa con la sensatez de la izquierda ni tampoco con las esencias de la democracia representativa. Iglesias tuvo su jornada de protagonismo y solo el tiempo dirá si le ha merecido la pena o no a Podemos presentar la moción de censura. Pero este lenguaje incansablemente implacable antes o después se vuelve en tu contra. Y sin necesidad, por cierto, de aludir a Venezuela. A veces no hace falta ir tan lejos para poner de manifiesto tus propias incoherencias o desfachateces.

«Iglesias no puede convertirse en un Robespierre moderno».

Con todo, esta moción de censura vivida en el Congreso de los Diputados esgrime la consolidación de un panorama político totalmente nuevo fruto del declive del bipartidismo. Esta caída del PP y del PSOE no es producto de una voluntad de cambio radical por parte de la ciudadanía sino que solo se justifica previamente por los propios fallos de Génova y Ferraz. Dicho de otro modo, sin crisis social al alimón de la recesión económica seguiría tan campante el bipartidismo sin problema alguno.

Hay políticos que se postulan por encima del bien y del mal. Que se perciben a sí mismos como espíritus superiores que aparecen en la escena pública como patrioteros morales. Estos, las cosas como son, suelen acabar mal su trayectoria. Bien porque van dejando un sinfín de víctimas por el camino o porque acaban ciertamente solas y el día menos pensado ya no disponen de tropa para que le acompañen en sus ocurrencias o misiones últimas. Por eso es imprescindible guardar una razonable congruencia en tus decisiones. El viaje al centro que Podemos hará de una forma u otra con el tiempo si desea realmente llegar a La Moncloa no solo será a través de la moderación de su ideario, que por supuesto, sino asimismo rebajando la rigidez de las formas. Porque hay frases y palabras hirientes que socavan tu crédito ante el resto. Y también de afectos vive el hombre.

 

El purismo de Iglesias
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