Sábado. 25.11.2017 |
Opinión
Redacción Cultura
11:39
04/05/17

El distributismo, una teoría económica abandonada

El distributismo, una teoría económica abandonada

A principios del siglo XX dos pesos pesados de la literatura británica (Chesterton era “un peso pesado” literal; el otro era Hilaire Belloc) emprendieron una lucha quijotesca abanderando una doctrina económica a la que la historia pasó por encima. 

Uno de ellos era ante todo, un periodista; el otro, ante todo, un historiador. 

No tenían credencial alguna de economistas, pero eso ya sabemos hoy que no sirve de mucho. 

Luces del distributismo

Hoy el distributismo es una nota marginal que apenas algunos estudiosos conocen. Sin embargo, en algunos ámbitos del pensamiento universitario americano, el distributismo vuelve a aportar algunas luces, algunos elementos para la reflexión. 

En este debate intelectual, Chesterton, dotado de un providencial buen humor y de una caridad que no desaparecía ni en los fragores de la polémica a la que tan afecto era, escribe estos ensayos con un monumental enfado. 

El enemigo declarado es la plutocracia, los grandes capitalistas y su apéndice, los grandes medios de comunicación. 

Sus ensayos están recogidos en La utopía capitalista y otros ensayos (editorial Palabra), que se publicó originalmente en New York, en 1917 con el nombre Utopia of usurers and other essays

Reunía nueve artículos bajo el título Utopia of usurers y otros diecisiete breves ensayos que fueron publicados en el Daily Herald, diario inglés de ideología socialista. 

Lo que está degradado... y cómo cambiarlo

En estos artículos, Chesterton fundamentalmente critica muchas facetas de la vida que están siendo trastocadas por el capitalismo. 

Destaca:

-su rechazo de la revolución industrial, 

-su denuncia de las condiciones del trabajo asalariado, 

-la degradación del periodismo, 

-la alabanza servil hacia los capitalistas, 

-la prepotencia de los intelectuales partidarios de la eugenesia, 

-la mezcla de intereses financieros y políticos… 

¿Suena esto a algo? Pues no, no tiene nada que ver con la gastada crítica izquierdista a la economía de mercado.

Porque si en el análisis de los excesos y de las fallas de un entero sistema (no solo económico) podemos estar de acuerdo, es en la propuesta donde nos lo jugamos todo

Para Chesterton se puede estar de acuerdo en que la prostitución es un mal, pero, ¿podemos llegar a un acuerdo sobre el valor de la continencia?

Compartir un diagnóstico no es lo mismo que acertar con las soluciones. 

Las alternativas de Chesterton

Chesterton no realiza un mero ejercicio de crítica. Al contrario, puede verse, a través de sus rechazos, sus preferencias: 

-la empresa familiar, 

-el sistema de protección social basado en la auto-organización, no en la dependencia del Estado, 

-el amor al hombre común, ya se encuentre en la trinchera o sea una mujer que trabaja penosamente en la fábrica.

Nunca cayó en la admiración que los liberales ingleses (partidarios, por tradición, de los gobiernos limitados, de la autonomía municipal y del derecho “conocido” por la comunidad, de modo que la vida, la propiedad y la libertad quedasen garantizados) acabaron mostrando por el estado proteccionista y garantista que se desarrolló en la Alemania de Bismarck.

Nunca quedó fascinado por ese estado, y supo advertir de la pérdida de libertad que la seguridad garantizada por el Estado provocaba.

El Estado Servil, un nuevo tipo de esclavitud

De aquí que sea muy importante también la crítica al Estado Servil. Este término, que procede de una obra homónima de Belloc, designa una tercera forma de sistema, que no encajaba ni en los moldes del sistema capitalista ni en los del socialista.

Para Belloc, el Estado Servil sería una forma bajo la cual el trabajo asalariado de una mayoría abrumadora de la sociedad -sin propiedad y sin libertad-, se haría obligatorio, en beneficio de una minoría propietaria

Para él, el Estado servil no sería la culminación del socialismo, pues el socialismo sólo podría llevarse a cabo mediante la confiscación total de propiedad y medios de producción. Sin embargo, el capitalismo, la concentración o la tendencia al trust y al monopolio y la creciente actividad regulatoria del Estado y del municipio en detrimento de la libertad y de la propiedad individual, conducían a su juicio al establecimiento del Estado Servil y con él, un nuevo tipo de esclavitud, cuyas condiciones no serían tan duras ni ominosas como las propias de la esclavitud pasada. 

El tamaño sí importa: mejor pequeño

Chesterton volverá sobre estos temas, que forman parte del núcleo de doctrina del distributismo, en su posterior libro The Outline of Sanity (Los límites de la cordura)

Una de las cuestiones que más ocupó a Chesterton es el combate frente al tamaño de las empresas. Y que, ciertamente, ayuda a la reflexión actual. A Chesterton no le interesa la dicotomía público-privado, pues no es esa la que le parece decisiva. 

Si las cosas siguen en el curso en que están, llega a decir, que una oficina sea pública o privada no marcará la diferencia y a nadie le importará. La cuestión decisiva es la de gran empresa frente a pequeña propiedad; la del trust o monopolio frente a hombre, familia, o dicho en términos más brutales, la del servilismo frente la libertad. 

Esta es una cuestión siempre presente en sus escritos.

No por ser privadas, frente a públicas, las grandes empresas serían para Chesterton una buena cosa.

Apunta en varias ocasiones, una de las cuestiones que según él se derivaba del crecimiento elefantiásico de las empresas y es la pérdida de calidad de los productos. De nuevo, sorprende su intuición y su anticipación, ante nuestra realidad económica que se basa, en gran medida en producir grandes masas de artículos de bajísima calidad (sólo le faltó a Chesterton citar el Made in China) para mantener constantemente las ventas y que la maquinaria económica siga girando, aunque no sepamos bien hacia dónde ni porqué.

De ahí la importancia de resistir la tendencia al monopolio que preocupaba a Chesterton. 

Su propuesta de lograr una extensión de la propiedad tenía su fundamento explícito en la doctrina de León XIII expuesta en la encíclica Rerum Novarum, que recogiendo las doctrinas del derecho natural consideraban que el hombre no sólo tenía derecho a apropiarse de los frutos de la tierra sino que podía apropiarse de la tierra.

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