Martes. 22.05.2018 |
Opinión
Francisco Segarra
18:23
01/02/18

Rajoy y Franco

Los generales de Rajoy no sufren accidentes de aviación extraños y se mueren, vaya por Dios; ni siquiera son enviados como Urías a primera línea del frente y, caramba, también se mueren.

A estas alturas de la película, un servidor no se deja deslumbrar por los brillos de las plumas o las teclas más o menos ingeniosas; ni por los sofismas de las tertulias; ni siquiera por la impostada experiencia de tipos que jamás han salido de una redacción, de un plató o de un estudio de radio. Uno estuvo en la gran Intereconomía, del gran político poliédrico Julio Ariza, el tiempo suficiente para aprender a practicar el dicho viejo de la vieja Guardia Civil: "Paso de buey, vista de halcón, diente de lobo y hacerse el bobo." Hacerse el tonto es muy bueno para escuchar. El tonto puede escuchar porque parece tonto. Obvio.

(Julio Ariza es poliédrico es muchos aspectos, listo como el hambre y rápido como William Munny. Por eso no está muerto del todo y no va de víctima guay como otros del gremio. Resulta, oh, que no es del gremio. Por eso sobrevive.  Y volverá. Aunque esta sería otra historia)

Sin embargo, el desempeño "Sin Perdón" frío, calculado, implacable, letal, corresponde al gallego don Mariano Rajoy Brey, el político unidireccional -matar políticamente- y astuto que solo puede ser comparable en su peligrosidad a otro gallego: Francisco Franco Bahamonde. 

Los generales de Rajoy no sufren accidentes de aviación extraños y se mueren, vaya por Dios; ni siquiera son enviados como Urías a primera línea del frente y, caramba, también se mueren. Ni llega el motorista a defenestrarlos -a veces literalmente- y echarlos a patadas simbólicas del ministerio correspondiente, para que ocupen el sillón tecnócratas sumisos, que luego se rebelarán, con el dictador muerto y enterrado, claro. 

No, los generales, o sea, los enemigos de Rajoy, no son liquidados así porque las costumbres han cambiado y hasta la CIA emplea métodos más sutiles y más primaverales. 

Franco estuvo ahí, impasible el ademán, unos cuarenta años a base de imponer un terror calculado en su entorno, y un poco, solo un poco -esto no fue Camboya-, en la ciudadanía. A los burgueses catalanes y vascos les dejó comerciar y enriquecerse, y a los periodistas afines los compró con putas y/o dineros, y/o alcohol y droga en algunos bares donde, ya se sabe, escribían hagiografías de los santones del Régimen.

Franco fusiló un poco, y no lo hizo en exceso como Stalin, porque Franco era gallego y no georgiano, que son unos brutos. El gallego te liquida y te enteras de ello cuando un metro o dos de tierra oscura cubren tu cadáver. 

O te enteras, como el eterno presidenciable bis en la Sombra, Pedro J. Ramírez, el ex de Agata Ruiz, porque un italiano te pone en la calle después de 40 años haciendo de Maquiavelo de Navarra. Gran escuela, por cierto.

Rajoy y Cataluña

Don Mariano ha asesinado políticamente a todos sus rivales en el PP. Ahora le llega el turno a Camps y a Cotino, a los que conocí y son muy amables. Liquidada Esperanza, Arenas, el propio Aznar, Zaplana, Acebes, Michavila, Rato... Sumen y sigan. Domesticados todos los medios por las buenas -La Vanguardia del Conde- o por las malas -Intereconomía, Prisa, Unidad Editorial-, o por las malísimas -las teles murciana y valenciana-, solo le queda a Rajoy ir deshojando el dossier de Jordi Pujol: Juan Carlos ya fue dimitido; Urdangarín y la infanta están como están; Botín, caray, no está; Cacho se lamenta Vox Populi y Cebrián ha vuelto al redil del Régimen casi 50 años después. Marhuenda, tan simpático, sigue ahí, bueno, bien. 

Y a Mauricio Casals le han dado un toque como los que él mismo solía dar. 

Todo OK.

Con estos antecedentes, Puigdemont era una pieza fácil para Soraya, que manda lo que le deja el jefe Rajoy y se reparte el poder permitido con Cospedal. 

Digo Puigdemont y digo Junqueras y todos los demás: los catalanes son como pueblerinos cuando llegan a Madriz, que eso lo he visto yo cerca de Las Cortes, y en el Palace y restaurantes próximos, con mi amigo Francás, que es el único catalán que nunca ha hecho de pueblerino en la Villa y Corte. Moragas quizás tampoco, pero los pijos de Barcelona, en fin, dan la nota cada cierto tiempo y los envían a New York, New York, ese destino oficial de la pijería moderna e ilustrada. 

¿Víctima del jefe? No lo sé. ¿Lo sabe usted?

Así que leo a Pedro J y a Cacho y se les nota que la herida está abierta y sangrando. La herida, ay, Rajoy, repito, para dañar es un mago, no por otra cosa. Carles Enric hace sus piruetas en Cataluña, en El Español Global, como Jordi Graupera las hace, seguro y tranquilo, desde New York, New York. Graupera es tan inteligente como amigo, pero se pasa de inteligente: aunque no lo pierdan de vista, cuando empiece a despertar otro Proceso, él seguirá allí, en cabeza. Pasarán decenios, por supuesto, y para entonces es probable que el federalismo europeo que paga la CIA ya sea una enojosa realidad. 

Rajoy es muy peligroso. No sestea. No coge el toro por los cuernos porque prefiere matarlo desde la barrera con un fusil de precisión, sin despeinarse ni dejar el puro más de tres minutos. Rajoy ha envenenado al independentismo y se ha cargado a tantos porque como me dijo un periodista gallego que no nombraré: "Sabe que el tiempo político no se mide con un reloj y un calendario".

Llevar a España a una máxima tensión constitucional con lo de Cataluña -¿fueron esas las órdenes que recibió Rajoy en México?- nos evita una voladura como la de Carrero, un 23F y un 11M. Luego Rivera y el citado federalismo, fumarse el puro en Pontevedra y garantizarse una jubilación sin sobresaltos en provincias. Estupendo.

Por lo demás, el pueblo al fondo y España, también. 

Y no dejen de prestar atención al panorama mediático, porque ya he dicho que hay poliédricos supervivientes e italianos muy activos.

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