Jueves. 23.11.2017 |
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Terrorismo en África Occidental: nuevas tácticas, nuevas alianzas, ¿nueva estrategia?

Terrorismo en África Occidental: nuevas tácticas, nuevas alianzas, ¿nueva estrategia?

"Dos sucesos africanos significativos coincidieron en la región del Sahel: una cumbre del Grupo de los Cinco (G-5) y la decisión maliense de dar mayor protagonismo a la Misión de la ONU (Minusma).

La reunión de jefes de Estado de Níger, Mauritania, Chad, Burkina Faso y Mali, que sesionó en Bamako, la capital de este último país, sirvió para sonar la alarma antiterrorista, pero también para conciliar criterios de la mejor forma de avanzar en conjunto en la búsqueda de la seguridad subregional.

Se parte del criterio de que la inseguridad afecta a África occidental en general, por ejemplo Long Journal War relacionó a Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) con 257 ataques en esa región durante el 2016, lo cual mostró un crecimiento de más del ciento por ciento en relación con 2015.

El encuentro de mandatarios ocurrió en febrero y un diplomático acogido al anonimato precisó que la inseguridad en el Sahel era el tema principal de la reunión, con lo cual confirmó que los países integrantes de ese conjunto están completamente convencidos de la necesidad apremiante de mantener la estabilidad en la zona.

La situación creada por el reforzamiento de los grupos extremistas de confesión islámica, que emergieron en la subregión tras el derrocamiento y asesinato en Libia del líder Muamar Gadafi en 2011, y el caos que generó la redistribución de sus arsenales, así como las acciones en nuevos escenarios de nóveles actores, están en la base del asunto.

Lo que se percibe como enemigo -con diversos tonos ideológicos- es el resultado de un proceso de deterioro en todos los órdenes y de muchas puertas cerradas en tiempos de postguerra fría, que es también época de ajustes políticos, económicos y sociales neoliberales.

Intentar una teoría al respecto pone al observador ante el riesgo de asumir posiciones simplistas y caer en actitudes maniqueas de interpretarlo todo como un combate entre buenos y malos, los primeros, defensores acérrimos de un sistema inamovible de valores, y los segundos, la escoria planetaria indefendible.

Se trata, evidentemente, de que las partes asumen nuevos roles, con sus defectos y virtudes, y esos protagonismos no están 'enlatados', sino que se desempeñan en contextos que cambiaron, aunque resguardan sus viejas etiquetas de la época colonial para evitar confusiones.

El Sahel limita al norte con el Sahara, al sur con las sabanas y selvas del golfo de Guinea y de África central, al occidente con el océano Atlántico y al oriente con el Nilo Blanco.

La franja saheliana es un accidente geográfico donde concurren corrientes culturales diversas, pero todas marcadas por el afán de sobrevivir y de vencer al destino inmediato, precisamente para subsistir como lo han hecho desde la Edad Media, cuando el orden del día eran las caravanas transaharianas.

Sin embargo, desde entonces hasta ahora un elemento persistió: la necesidad de poseer seguridad, lo cual es requisito indispensable para que el ser humano avance hacia los objetivos de dicha y realización que aún no tiene en el Sahel, pese a este no ser el único escenario deficitario, mucho menos en África.

La cooperación antiterrorista en el área quedó expresada en diciembre pasado cuando el presidente de Mali, Ibrahim Boubacar Keita, dijo que podría permitir a las fuerzas de Burkina Faso perseguir a los combatientes extremistas cuando huyan a través de la frontera a este país.

Esa declaración de Boubacar Keita sucedió a un ataque lanzado por los extremistas contra una dependencia militar burkinabé, que causó la muerte de 12 soldados en Nassoumbou, un hecho que hace apenas tres meses dio paso a la creación de una nueva facción armada, Ansarul Islam.

Alrededor de 40 combatientes asaltaron la base ubicada a unos 30 kilómetros de la frontera entre Burkina y Mali, lo cual las autoridades identificaron como la mayor acción terrorista de ese tipo perpetrada contra el Ejército, un acto que puso en tensión a las fuerzas de seguridad de los dos Estados, pero alarmó a todo el Sahel.

El apoyo de Bamako sería decisivo toda vez que el norte de Malí es considerado abrigo de grupos ligados con Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que controlaron varias poblaciones antes de dispersarlos la operación franco-africana Serval en 2013, pero esa ofensiva sólo logró diseminar a los integristas... Nunca los derrotó.

A esos comandos fundamentalistas se les desplazó, pero continúan activos en el norte de Mali, en la región desértica, donde grandes áreas aún permanecen fuera del control del gobierno, y esa situación persiste como amenaza arropada por las condiciones de pobreza y abandono social del área, lo que es un peligroso un caldo de cultivo.

SALTÃ' LA LIEBRE 

A principios de marzo, medios de prensa informaron que -al menos- tres grupos armados extremistas (algunas fuentes dicen cinco) se unieron para formar una nueva facción, la Jamaât Nasr Al Islam wa Al Mouminin, algo así como grupo por el apoyo del Islam y de los musulmanes y no se descarta que otras facciones se asocien a este.

Esa formación, que manifestó continuará la Jihad (guerra santa) de tipo terrorista, la comandará el exjefe separatista tuareg Iyad Ag Ghali, quien en 2012creó el grupo Ansar Dine y se afilió a extremismo armado.

Al Zalaqa Media, medio de divulgación de esa nueva agrupación, divulgó un material audiovisual en el que aparecen los jefes de cuatro importantes grupos terroristas que operan en esta zona del Sahel: AQMI), Al Murabitun, AnsarDine y el Frente de Liberación de Macina.

Según analistas, la presencia de esas agrupacines podría crecer y favorecer el caos en Libia y parte del Sáhara, donde falta control gubernamental, así como la escasez de recursos y efectivos militares para enfrentar su desarrollo en un ámbito de indigencia y pocas posibilidades de futuro, que incita a los jóvenes a unirse a los terroristas.

En ese sentido se refieren a la existencia de comandos del Estado Islámico en el Gran Sahara , activo en Burkina Faso, Mali y Níger, y que creó Adnar Abuwalid al-Sahraoui, exvocero del Movimiento para la Unicidad y la Jihad en África Occidental (Mujao).

No obstante la preeminencia del terror se la conceden a AQMI.

FUERZA ANTITERRORISTA 

Naciones Unidas llamó la atención sobre el acierto de que en el norte de Mali se realizaran las primeras patrullas conjuntas entre soldados y milicias que firmaron el acuerdo de paz con el gobierno, para establecer un nuevo cuadro de acción en esa parte del país.

A eso se une el esfuerzo de Bamako por reforzar el establecimiento de las autoridades interinas en la zona septentrional, donde la mayoría de la población pertenece a los diversos grupos de la comunidad tuareg. Esa forma provisional de institucionalidad es parte vital del proceso de paz, con incidencia en todo el Sahel.

Así, además de disminuir las tensiones con los componentes de ese conjunto, en tanto se cumplen tópicos del Acuerdo de Paz y Reconciliación, también se trata de neutralizar la influencia de los extremistas en el interior de la comunidad y en la zona, es decir se marcha por varios caminos hacia la convergencia antiterrorista.

Otra decisión también con importancia subregional es hacer que la Misión de la ONU, la Minusma, se desplace hacia la región central maliense para enfrentar la que puede devenir espiral de ataques extremistas, por lo que reforzar la defensa en esa dirección denota el interés oficial al respecto.

Tras de decidir el aumento de la capacidad de movimiento de la Misión, algo que desde el punto de vista táctico robustecería el estándar de seguridad a fin de preservar un avance terrorista hacia el sur del país, la visión de conjunto gana adeptos para beneficio subregional al anunciarse la formación de una posible fuerza conjunta antiterrorista.

Esa estructura militar corporativa, ya aplicada en otras zonas de conflicto como Somalia y la cuenca del lago Chad, contaría con fuerzas de los cinco países en cuestión y cortaría el paso a la escalada extremista de tipo confesional que aturde la vida en el Sahel, más que cualquier inclemencia climática.

El presidente Boubakar Keita dijo en la cumbre del G-5 al respecto: 'El terrorismo, el crimen y las redes de terrorismo crean un contexto que exige una cooperación internacional y regional', y convocó a aportar más medios a la Minusma a fin de redoblar su eficacia y efectividad."

Fuente: Prensa Latina. Leer artículo original aquí: "Confecciona Sahel una estrategia contra el terrorismo".

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