Domingo. 21.01.2018 |
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Los ensayos nucleares estadounidenses mataron a más de 690.000 personas

Paradójicamente, millones de estadounidenses que estuvieron expuestos a la radiación sin saberlo, y que sufren enfermedades por culpa de estas pruebas, dependen del gobierno para financiar su atención médica.

Los ensayos nucleares estadounidenses mataron a más de 690.000 personas

Cuando Estados Unidos empezó las pruebas nucleares, lo hizo de manera imprudente. Una nueva investigación sugiere que el coste de vidas al desarrollar armas nucleares fue mucho mayor que lo que se estimó en su momento, y apunta a que las secuelas radiactivas causaron entre 340,000 y 690,000 muertes entre los años 1951 y 1973.

El estudio, realizado por Keith Meyers, economista de la Universidad de Arizona, se basa en la producción y el consumo de leche en el estado de Nevada para dar con los efectos concretos de esta radiación.

Desde 1951 hasta 1963, los Estados Unidos llevaron a cabo ensayos con armas nucleares en el desierto de Nevada. Los científicos encargados del desarrollo de las armas, al no comprender los riesgos, o simplemente ignorarlos, expusieron a miles de vidas civiles a la lluvia o polvo radioactivo que desprenden las bombas al estallar. Las emisiones de reacciones nucleares en altas dosis son mortales y en pequeñas dosis pueden llegar a causar cáncer.

Las emisiones, sin embargo, no solo permanecieron en el sitio de prueba, sino que se desplazaron por todos los alrededores, por el ambiente. Más tarde, las tasas de cáncer se dispararon en las comunidades cercanas, y el gobierno de los Estados Unidos ya no podía hacer frente a las terribles consecuencias, que hasta entonces se habían silenciado.

El coste en dólares y vidas
El Congreso finalmente pagó más de 2.000 millones de dólares a los residentes de las áreas cercanas que estuvieron expuestas a la radiación, así como también a los mineros de uranio. Pero los intentos de medir el alcance completo de las consecuencias de los ensayos fueron muy inciertos, ya que se basaron en los efectos de las comunidades más afectadas al nivel nacional. En aquel momento se estimó que las pruebas llegaron a causar 49,000 muertes por cáncer.

Esas mediciones, sin embargo, no tuvieron en cuenta todos los posibles efectos a lo largo del tiempo y el espacio. Meyers amplió el coste de las vidas civiles a través de una visión macabra: cuando las vacas se exponían la lluvia radiactiva dispersada por el viento, su leche se convirtió en un canal clave para transmitir la radiación a los seres humanos. La mayoría de la producción de leche durante aquel tiempo fue local, con vacas comiendo en los pastizales y a su vez, el consumo del producto final estaba dirigido a muchas otras regiones, lo que le dio a Meyers un modo de rastrear la radioactividad en todo el país.

El Instituto Nacional del Cáncer registró que había encontrado muestras de Yodo 131 -un isótopo peligroso liberado en los ensayos de Nevada- en grandes cantidades de leche producida en Nevada, así como datos más amplios sobre la exposición a la radiación. Al comparar estos datos con los registros de mortalidad a nivel de condado, Meyers hizo un hallazgo significativo: "El consumo de la leche producida en aquel estado conduce a aumentos inmediatos y sostenidos en la tasa bruta de mortalidad".

Según el estudio, las pruebas nucleares de los Estados Unidos probablemente provocaron la muerte de más personas de lo que se había pensado, hasta entre 7 y 14 veces más. Principalmente en el medio oeste y noreste.


Un arma contra su propia gente
Cuando Estados Unidos usó armas nucleares durante la Segunda Guerra Mundial, bombardeando las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, se estimó que 250,000 personas murieron inmediatamente después. Unos años más tarde, Estados Unidos condenaría a parte de su propio pueblo, de manera accidental, con armas similares y en una escala comparable.

El estudio también asegura que el cese de las pruebas nucleares ayudó a salvar vidas estadounidenses: "el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares podría haber salvado entre 11,7 y 24,0 millones de vidas estadounidenses", estima Meyers. También hubo cierta suerte en la reducción del número de personas afectadas por la radiación: el lugar donde se llevaron a cabo las pruebas, en comparación con otras instalaciones de prueba potenciales que el gobierno estadounidense consideró en ese momento, redujo la dispersión del radioyodo.

Los efectos persistentes de estas pruebas permanecen, tan silenciosos y tan problemáticos como los mismos isótopos. Paradójicamente, millones de estadounidenses que estuvieron expuestos a la radiación sin saberlo, y que sufren enfermedades relacionadas con estos ensayos, dependen del gobierno de los Estados Unidos para financiar la atención médica.

"Este documento revela que hay más víctimas de la Guerra Fría de lo que se pensaba, pero el alcance de las consecuencias del desarrollo armamentístico para hacer frente a la URSS, sigue siendo desconocido para la sociedad", concluye Meyers.

Fuente: Quartz. Leer artículo original aquí: "US nuclear tests killed far more civilians than we knew".

 


 
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