Miércoles. 22.11.2017 |
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SI LOS SUELOS CONGELADOS SE DERRITEN LIBERARÁN A LA ATMÓSFERA CANTIDADES INGENTES DE GAS METANO

El deshielo del permafrost puede agravar el calentamiento global

Si la temperatura aumenta dos o tres grados, el deshielo de los suelos congelados liberará a la atmósfera cantidades ingentes de gas metano, que a su vez acelera el calentamiento global. Otro de los riesgos es la expansión de virus como el de la fiebre hemorrágica Crimea-Congo.

El deshielo del permafrost puede agravar el calentamiento global

Una de las cuestiones más preocupantes del cambio climático es que, con el aumento de la temperatura, los riesgos de fenómenos que a su vez aceleran el calentamiento global también aumentan.

Un claro ejemplo de ello y una amenaza concreta en el trasfondo del cambio climático es el deshielo del permafrost, es decir de la capa de hielo que cubre permanentemente los niveles más superficiales del suelo en muchas regiones frías y próximas a los glaciares.

Así lo constató ya en marzo de 2016 un equipo de investigadores coordinados por expertos en oceanografía química de la Universidad Estatal de Florida, que advertían en un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences de que el derretimiento del permafrost estaba originando la emisión a la atmósfera de grandes cantidades de gases de efecto invernadero.

“Desde hace tiempo sabemos que el permafrost está desapareciendo. No obstante, ahora hemos podido determinar que esto está provocando cambios en la composición de las comunidades de plantas de las regiones polares, lo que se traduciría en mayores emanaciones de carbono, en este caso en forma de metano”, aclaraba entonces Suzanne Hodgkins, dirigió el ensayo.

Más metano y más calentamiento global

Ahora, otro experto en la materia, Jerónimo López, geólogo y profesor de geodinámica en la Universidad Autónoma de Madrid, viene a confirmar que, si la temperatura aumenta dos o tres grados, el deshielo de los suelos congelados liberará a la atmósfera cantidades ingentes de gas metanoque a su vez acelera el calentamiento global.

En una entrevista publicada en El País Semanal el pasado lunes, 17 de julio, López, que ha escalado el Everest y participado en decenas de expediciones a la Antártida y el Ártico, claves en su labor investigadora, afirmaba que ese incremento de la temperatura “cambiará la distribución de fenómenos naturales, como ciclones y huracanes. Las corrientes marinas se alterarán y modificarán el clima. Ya estamos viendo fenómenos atmosféricos atípicos: olas de sequía, calor y frío, nevadas inusitadas, que se producen con cierta frecuencia en lugares insospechados”.

Además, “las zonas que más se han calentado en la Tierra en las últimas décadas son precisamente zonas polares: el norte de Alaska y de Canadá, un sector de Siberia y otro de la Antártida Occidental”, agregaba.

Por tanto, “nos preocupa el deshielo del mar y de los glaciares, pero también debe inquietarnos el peligro que supone el del permafrost, es decir, los suelos que permanecen congelados de forma continuada un mínimos de dos años consecutivos”, destacaba en la entrevista.

“La degradación del permafrost, sobre todo en el hemisferio norte, está contribuyendo a liberar a la atmósfera gas metano, mucho más activo que el CO2”, concluía.

Virus y bacterias que vuelven a la vida

Al mismo tiempo, al derretirse el permafrost, se liberan virus y bacterias antiguos que han permanecido latentes y vuelven ahora a la vida, según una información publicada el pasado 31 de mayo en El Diario Nueva York, en la que se advertía de “las peligrosas enfermedades que están despertando a causa del calentamiento global”.

Uno de los ejemplos que servía para argumentar estas afirmaciones es un caso detectado en agosto de 2016, cuando “en un remoto rincón de la tundra siberiana llamada Península de Yamal, en el Círculo Polar Ártico, un niño de 12 años murió y al menos veinte personas fueron hospitalizadas después de haber sido infectadas por ántrax”.

“La teoría es que hace más de 75 años murió un reno infectado con la bacteria y su carcasa congelada quedó atrapada bajo una capa de permafrost. Allí permaneció hasta una ola de calor en el verano de 2016, cuando se descongeló”, con lo que el ántrax infeccioso quedó liberado en el agua y suelo cercanos interviniendo en la cadena alimentaria.

Cabe resaltar que la temperatura en el Círculo Polar Ártico está aumentando aproximadamente tres veces más rápido que en el resto del mundo. Y a medida que el hielo y el permafrost se derriten, pueden liberarse otros agentes infecciosos.

“El permafrost es un muy buen conservante de microbios y virus, porque es frío, no contiene oxígeno y es oscuro”, explicaba entonces el biólogo evolutivo Jean-Michel Claverie de la Universidad de Aix-Marseille, en Francia.

Unos años antes, en un estudio de 2011, los científicos Boris Revich y Marina Podolnaya lanzaron esta advertencia: “como consecuencia del derretimiento del permafrost, los vectores de infecciones mortales de los siglos XVIII y XIX pueden volver, especialmente cerca de los cementerios donde fueron enterradas las víctimas de estas infecciones”.

En el mismo artículo de El Diario Nueva York, se advierte también de que, “a medida que la Tierra se calienta, los países septentrionales serán más susceptibles a brotes de enfermedades ‘meridionales’ como la malaria, el cólera y el dengue, ya que estos patógenos prosperan a temperaturas más cálidas”.

“Siguiendo nuestro trabajo y el de otros, existe ahora una probabilidad de que los microbios patógenos podrían revivir e infectarnos. […] Es probable que se trate de bacterias curables con antibióticos, bacterias resistentes o virus. Si el patógeno no ha estado en contacto con los seres humanos durante mucho tiempo, el sistema inmunológico no estaría preparado, de modo que sí, eso podría ser peligroso”, concluye el biólogo Jean-Michel Claverie.

Expansión de la fiebre hemorrágica Crimea-Congo

Otro ejemplo de cómo el cambio climático puede ser la causa de nuevas infecciones por virus o bacterias, e incluso epidemias, es la expansión del virus africano de la fiebre hemorrágica Crimea-Congo, del que ya se ha detectado algún caso en España.

Según informaba el diario La Vanguardia el pasado lunes, 17 de julio, un hombre que falleció por un fracaso hepático fulminante el verano pasado tras picarle una garrapata y una enfermera que se contagió después de atenderle en el Gregorio Marañón de Madrid son los dos primeros casos de Crimea-Congo españoles y los primeros europeos víctimas de la variante africana del virus.

“Sabemos que desde el 2010 este virus African 3 estaba en un tipo concreto de garrapatas en animales salvajes, como ciervos y conejos en una zona de Extremadura”, explicaba Jose R. Arribas, jefe de la unidad de Aislamiento de Alto Nivel del Hospital La Paz/Carlos III y principal autor de la investigación.

Tenemos una enfermedad nueva por un virus reemergente. […] No sabemos cómo va a evolucionar. En Turquía no se conocían casos hasta el 2002 y ya llevan más de 10.000. En Grecia, en cambio, tuvieron uno y no han vuelto a tener más”, destacaba Arribas.

De hecho, el Crimea-Congo africano es uno de los que están la lista de la Organización Mundial de la Salud por estar extendiendo su ámbito geográfico, probablemente por efecto del cambio climático.

El último rastreo de estos insectos promovido por el Ministerio de Sanidad muestra que sí se encontró virus en garrapatas en Castilla la Mancha, Castilla-León y Madrid.

Puede que se trate tan solo de casos aislados, pero también cabe el riesgo de que pudiera convertirse en el inicio de una epidemia, como ha sucedido a lo largo del tiempo con el virus VIH o el virus Ébola. Otros ejemplos serían los del Dengue, chikungunya, zika, virus del Nilo Occidental o lassa, cita el artículo de La Vanguardia.

Fuente: Forum Libertas. Leer artículo original aquí: "Una amenaza concreta en el trasfondo del cambio climático: el deshielo del permafrost".

El deshielo del permafrost puede agravar el calentamiento global
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