Miércoles. 21.08.2019 |
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Sanciones a bancos alemanes y británicos, exportadoras turcas… Trump asfixia a Irán

Barack Obama optó por una diplomacia de trastienda en Oriente Medio, pero la estrategia del Gobierno de Trump ha virado hacia la acción para doblegar a “países canallas” como Irán.

Sanciones a bancos alemanes y británicos, exportadoras turcas… Trump asfixia a Irán

Todas las semanas, el Departamento del Tesoro anuncia nuevas medidas contra Teherán desde que Donald Trump anunciara en agosto pasado la reanudación total de las sanciones contra el régimen de los ayatolás, el conflicto más largo desde que hace 40 años estallara la Revolución Islámica.

El último punto de inflexión para pasar página a la estrategia del Gobierno de Barack Obama en Oriente Medio, que había consistido esencialmente en una diplomacia de trastienda y no intervencionista, sucedió cuando Washington salió del acuerdo nuclear en mayo de 2018. Entonces, los socios europeos se quedaron azorados ante la decisión de Trump, ya que habían visto en el positivo discurrir de ese acuerdo oportunidades para invertir en Irán y estabilizar la zona (Líbano, Siria, Iraq) ante el avance de la influencia de Rusia y China.

EEUU ahora se lanza a sancionar con dureza a todo empresario, sociedad, Estado o banco no estadounidense que ose cooperar con Irán

El secretario del Departamento de Estado, Mike Pompeo, mostró todas las cartas de la estrategia de la Casa Blanca hacia Teherán en un artículo firmado en la revista ‘Foreign Affairs’ a finales de 2018. En resumen, Pompeo abogaba por ejercer una “campaña de máxima presión” para reventar todos los ingresos que Irán dedica a financiar la violencia de Hezbolá en Líbano, Hamás en los “territorios palestinos”, el régimen de Al Asad en Siria, los rebeldes hutíes en Yemen y a sus propios agentes desplegados en todo el mundo que “conspiran de manera encubierta”. Es decir, una estrategia para asfixiar económicamente al país persa.

Los datos dan fe de que Washington está consiguiendo ahogar a la República Islámica de Irán: el PIB de 2019 descenderá un 6 por ciento respecto a las cifras de 2018, que ya menguó un 4 por ciento con respecto al PIB de 2017, según las últimas estimaciones del Fondo Monetario Internacional. El presidente Hasan Rohani reconoció recientemente que “las sanciones y las presiones afectarán a la vida de la gente y al desarrollo del país”.

Además, Pompeo preconizaba en su escrito el diálogo con sus aliados para que se unieran a esa cruzada económica y anunciaba un incremento de la disuasión militar que implica una reacción armada inmediata ante cualquier agresión violenta por parte de Irán.

En las últimas semanas, Estados Unidos ha declarado como organización terrorista a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, ha incluido en la lista negra de la Oficina de Control de Activos a numerosos dirigentes e industriales iraníes, ha condenado a ciberactivistas iraníes que actúan contra sus intereses económicos y ahora se lanza a sancionar con dureza a todo empresario, sociedad, Estado o banco no estadounidense que ose cooperar de cualquier modo con compañías privadas o instituciones del país asiático.

En lo que llevamos de 2019, quien esté suscrito a las ‘newsletters’ de los Departamentos de Justicia y del Tesoro se estará encontrando en su bandeja de entrada multitud de sanciones a esos operadores no estadounidenses que colaboran con Irán. El Standard Chartered Bank(SCB), una institución financiera con sede en Londres, llegó a un acuerdo con la sección de persecución criminal del Departamento de Justicia para pagar más de 1.000 millones de dólares por haber cometido la osadía de procesar 9.500 transacciones a través de bancos de EEUU que implicaban relaciones con entidades iraníes entre 2007 y 2011. El volumen de negocio decomisado es de 240 millones de dólares, pero, además, el SCB tiene que afrontar el pago de una multa de 792 millones. “La resolución de hoy manda un claro mensaje a las instituciones financieras y a sus empleados: si usted elude el cumplimiento de las sanciones establecidas contra los Estados canallas como Irán -o ayuda a quien lo hace- pagará un alto precio”, declaró el número dos del Departamento de Justicia, Brian A. Brenczkowski, el pasado 9 de abril.

La percepción entre los conservadores iraníes 

Otro ejemplo muy reciente. El pasado 15 de abril, el UniCredit Bank AG, que opera en Múnich bajo el nombre comercial de HypoVereinsbank, acordó abonar más 1.300 millones de dólares a la Administración estadounidense por haber movido 393 millones procedentes de negocios con operadores iraníes en los circuitos del sistema bancario de EEUU. La multa se eleva por encima de los 800 millones de dólares. Según el escrito de acusación de un tribunal del Distrito de Columbia, entre los delitos de UniCredit Bank AG, el banco habría abierto “cuentas seguras” en beneficio de la compañía estatal naviera de la República Islámica (IRISL, por sus siglas en inglés) para permitir que pudiera realizar transferencias internacionales.

La presión no solo se agudiza sobre los bancos, sino también sobre empresarios. En febrero pasado, el Departamento del Tesoro sancionó a un ciudadano turco, Evren Kayakiran, por estar exportando, distribuyendo e instalando maquinaria en Irán. Una empresa de EEUU adquirió la empresa de Kayakiran en 2003, pero él siguió estando al mando. “En su papel como director general, Kayakiran, ordenó a los trabajadores a dar servicio a la maquinaria instalada en Irán. Los empleados eran amenazados con el despido si rechazaban viajar a Irán a trabajar y, tras volver de sus estancias allí, eran obligados a falsificar documentos mercantiles argumentando que habían ido de vacaciones”, explica el Departamento del Tesoro.

Estos tres ejemplos son clarificadores de cómo la Administración Trump está ahogando al régimen de los ayatolás. Un diplomático europeo destinado en Teherán explica a El Confidencial que la percepción entre los conservadores iraníes es que las sanciones de la Administración Trump buscan enfurecer a la ciudadanía para presionar al Gobierno de Rohani. El objetivo último consistiría en que acepte las condiciones de un nuevo acuerdo nuclear más restrictivo, una situación que los iraníes observan como humillante.

Esa misma fuente diplomática apunta que “los iraníes son soberbios, sabedores de un legado cultural de más de 3.000 años. Ese orgullo persa les ayuda en situaciones de crisis porque ya han superado muchas en solitario, sin aliados firmes, como les ocurre hoy día”. Ni siquiera hay visos de que China y Rusia vayan a acudir en su ayuda.

Por su lado, la Unión Europea mira absorta todos estos movimientos y se muestra sin capacidad de acción colectiva. Desde enero pasado, las partes europeas del acuerdo nuclear (Reino Unido, Alemania y Francia) contemplan la posibilidad de crear un canal directo de pagos con Irán y así eludir las sanciones de Estados Unidos. El plan se denomina Instrumento para el Fomento de los Intercambios Comerciales (INSTEX), cuya sede se localizaría en París y sería administrado por el experto alemán Per Fischer, exgerente del Commerzbank.

Pero el INSTEX está empatanado. Este hecho motivó hace unos días las quejas del ministro de Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif: "Me pregunto cuánto tiempo necesitan los europeos para activar un mecanismo preliminar". Añadió que no había excusas para retrasar aún más la puesta en marcha de esa estructura que aliviaría en algo la caída en picado de la economía de su país.

Fuente: El Confidencial (Marcos García Rey)

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