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Esclavos, venta de armas y turismo: así se financia Corea del Norte

FOTO:  KCNA
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Obligado a elegir entre mantener su programa armamentístico o el alivio de las sanciones, el régimen norcoreano ha preferido hasta ahora optar por encontrar fuentes alternativas de ingresos

Esclavos, venta de armas y turismo: así se financia Corea del Norte

Corea del Norte vive en una crisis económica perpetua. Si en 1991 su economía se hundió tras el desmantelamiento de la Unión Soviética, su principal socio político y comercial, desde 2006 debe lidiar con la continua imposición de sanciones por parte de la comunidad internacional. Por el momento, estas parecen estar haciendo efecto. Prueba de ello es que Kim Jong-un ha pasado de intercambiar amenazas que auguraban una guerra nuclear con Estados Unidos a entablar una “relación especial” con su presidente, Donald Trump, en las que el dictador ha tanteado las aguas para conseguir que se retiren estas restricciones y se permita al país abrir su economía al exterior.

Pero hasta ahora, cuando se le ha obligdo a elegir entre mantener su programa armamentístico o levantar las sanciones, el líder norcoreano, consciente de que su supervivencia depende de esas armas nucleares, ha preferido optar por buscar recursos económicos alternativos. Varias de esas vías han quedado detalladas en un informe emitido el pasado 12 de marzo por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. A lo largo de más de trescientas páginas, el documento expone una serie de prácticas ilícitas mediante las que el régimen norcoreano estaría burlando las sanciones y accediendo a financiación en mercados de todo el mundo.

 

Ciberataques

De acuerdo con el informe, Corea del Norte cuenta con “unidades militares centradas en la cibernética, que tienen la tarea directa de generar ingresos para el régimen”. Estas unidades de ciberdelincuentes actúan bajo el mando de la Oficina General de Reconocimiento, la principal agencia de espionaje del país, y durante los últimos años han protagonizado una larga serie de ataques informáticos a bancos en Estados Unidos, Europa, Asia y África.

Entre los casos más sonados destaca el ataque dirigido contra el Banco de Bangladesh, de donde los norcoreanos extrajeron 81 millones de dólares en 2016. Tras hacerse con el dinero, los ciberdelincuentes lo movieron a Filipinas a través del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Desde allí, los 81 millones “se blanquearon a través de múltiples cuentas bancarias, un negocio de envío de dinero y casinos” para finalmente hacerlos llegar a Corea del Norte. En otra ocasión, la Oficina General de Reconocimiento orquestó la extracción de más de 13 millones de dólares del Cosmos Bank de la India mediante retiradas simultáneas en sucursales de banco en más de 28 países. En total, se estima que los norcoreanos podrían haberse hecho con más de mil millones de dólares pertenecientes a entidades financieras de países extranjeros.

Pero la red de ciberataques no acaba ahí. El informe asegura que, además de moneda corriente, la Oficina General de Reclutamiento ha dirigido varias operaciones informáticas contra proveedores de criptomonedas. Al ser éstas más difíciles de rastrear y no estar sujetas a reglamentación gubernamental, para los expertos norcoreanos su robo es un camino de rosas. Sólo entre enero de 2017 y septiembre de 2018 Corea del Norte podría haberse endosado más de 570 millones de dólares de esta manera. No es casualidad que el informe tilde a los norcoreanos de expertos en este tipo de ataques, en los que cada vez emplean herramientas y tácticas más punteras.

 

Comercio de armas

El Consejo de Seguridad también apunta al comercio de armas como una de las actividades que estarían reportando beneficios al régimen norcoreano. El país ha tejido una amplia red de agentes implicados en la venta de armamento, con Siria como su base principal de operaciones. Allí han emigrado varios ciudadanos norcoreanos, que han pasado a engrosar las filas de fábricas donde se produce material militar que después se entrega a las fuerzas de seguridad del país.

Además, varios ciudadanos sirios actúan como intermediarios de Corea del Norte en otros países de Oriente Medio y África. A través de ellos, el régimen de Kim Jong-un habría estado involucrado en la venta de armas convencionales y misiles balísticos a grupos armados en Libia, Sudán y Yemen. En este último país el principal cliente de los norcoreanos son los rebeldes huthíes, que están inmersos desde 2015 en una cruenta guerra civil contra la coalición que lidera Arabia Saudí.

Además de Siria, Irán es uno de los países más involucrados en la compra de material militar a Corea del Norte. Allí, los norcoreanos habrían puesto a funcionar varias empresas armamentísticas, que han permanecido operativas a pesar de las sanciones. Según el informe, los norcoreanos reciben los pagos en efectivo y envían el dinero a su país mediante escalas aéreas en Dubái. La asociación entre estos dos estados no resulta extraña. Irán, considerado una amenaza nuclear por la comunidad internacional, también es objeto de sanciones económicas que coartan el funcionamiento normal de su economía.

También cabe destacar la estrecha relación entre Corea del Norte y Uganda. Según explican los expertos, el régimen de Kim Jong-un estaría proporcionando armas ligeras al ejército ugandés a través de KOMID, la principal empresa exportadora de armamento del país y que opera bajo la protección de su embajada en Kampala. Además, los norcoreanos estarían prestando servicios de entrenamiento a las fuerzas especiales del país africano.

Por último, el Consejo de Seguridad hace hincapié en la empresa Glocom, que se describe a sí misma como una compañía de tecnología destinada a la fabricación y venta de sistemas de comunicación militares. Sin embargo, la investigación ha demostrado que Glocom “ha utilizado una amplia red de personas, empresas y cuentas bancarias extraterritoriales para adquirir, comercializar y vender armas y material conexo”. Los tentáculos de esta empresa, que cuenta con página web y perfiles en redes sociales como LinkedIn, Instagram o Twitter controlados desde restaurantes norcoreanos en Vietnam, parecen extenderse a China, Indonesia, Malasia, Singapur, Oriente Medio e incluso a África. Sin ir más lejos, en 2016 se le implicó en el envío de equipo militar a Eritrea. Según The Diplomat, Glocom tendría unos beneficios anuales cercanos a los 10 millones de dólares gracias a transacciones en más de 50 países.

 

Cobertura diplomática en el extranjero

Corea del Norte también utiliza a sus diplomáticos para trasladar ingresos al régimen desde el extranjero. El grupo de expertos que ha redactado el informe hace referencia a dos casos concretos. En Malasia, el diplomático Kim Jong Chol actuaba en nombre de la Korea Ponghwa General Trading Corporation para enviar bienes y dinero al banco coreano Korea Kumgag Bank. Para evitar ser identificado, Chol utilizaba nombres falsos y se identificaba como director adjunto de otras empresas. En Holanda, Kim Chol Yong trató sin éxito de enviar cuatro generadores a Corea del Norte a través de China. Aunque el plan fue desbaratado, Yong se las había apañado para abrir varias cuentas bancarias en instituciones financieras de la Unión Europea, algo que prohíben las sanciones. Para ello se valió de tácticas como la suplantación de identidad, el empleo de empresas pantalla y la acreditación de su estatus de diplomático para actuar bajo el amparo oficial de su país. Estos métodos les sirvieron a él y a su mujer para cobrar seguros de vida que habían contratado por valor de más de un millón de euros.

Además, Corea del Norte estaría dando estatus diplomático a otros individuos, principalmente a representantes de instituciones financieras del país, para que puedan continuar con sus operaciones en el extranjero y evitar ser deportados. Se han identificado casos de este tipo en China, Emiratos Árabes Unidos, Rusia, Libia y Siria. Con el pretexto de trabajar en nombre de la misión diplomática norcoreana, estos intermediarios tendrían vía libre para buscar contratos y cerrar operaciones comerciales que reporten beneficios a su país.

 

Empresas conjuntas y trabajadores forzados

Las restricciones aprobadas por las Naciones Unidas en 2017 castigan la existencia y funcionamiento de empresas conjuntas en países extranjeros de las que los norcoreanos tengan una parte en propiedad. Aun así, los expertos han encontrado empresas de esa naturaleza operando en varios países.

En Rusia, por ejemplo, la ley no considera que esas entidades estén sujetas a las restricciones, dado que en la legislación del país no existe la figura jurídica de “empresas conjuntas”. En su lugar, aseguran que las empresas creadas por ciudadanos de Corea del Norte están registradas como sociedades rusas, y por tanto tienen cobertura legal para funcionar de manera normal. Así, en Rusia existen varias cooperativas norcoreanas. Varias se dedican a la construcción, el alquiler de inmuebles y a la restauración. Otras, sin embargo, ejercen como proveedores de servicios y han conseguido contratos con el propio gobierno del país.

El caso más curioso, sin embargo, es el del grupo de empresas Malaysia-Korea Partners (MKP), fundado por norcoreanos y establecido en Malasia. En su sitio web, MKP se define como una empresa que comenzó en el negocio de la construcción y que se ha expandido a sectores como el tecnológico, la banca o el comercio internacional. Además, asegura que opera en más de dieciocho países y que cuenta con más de veinte mil empleados.

Sin poner en duda esas afirmaciones, el informe del Consejo de Seguridad ha establecido vínculos entre MKP y los servicios de inteligencia norcoreanos, así como con varias instituciones financieras del país y la empresa GENCO, la única del grupo que menciona exclusivamente a nacionales de Corea del Norte como directores.

Precisamente a partir de GENCO, el conglomerado se ha extendido a través de varios países de Oriente Medio, África, Europa y Asia, donde “utiliza mano de obra, entidades cooperativas prohibidas y empresas mixtas […] y obtiene ingresos considerables”. Asimismo, la investigación ha identificado una actividad preocupante de movimientos de dinero en efectivo, de cheques y de transferencias bancarias entre varias empresas pertenecientes al conglomerado y los agentes de la Oficina General de Reconocimiento en Europa y Asia. Al parecer, varias de las cuentas bancarias con las que cuenta MKP han sido abiertas por ciudadanos norcoreanos actuando bajo el amparo diplomático.

Además, con el fin de obtener divisas para el gobierno de Corea del Norte, el conglomerado “se ha ocupado de proporcionar trabajadores norcoreanos en Oriente Medio” y Rusia, donde se ha dado autorización a empresas del grupo para emplear a 301 ciudadanos norcoreanos.

El empleo de ciudadanos de Corea del Norte en el extranjero es, cuanto menos, controvertido. En 2017, un artículo de la CNBC aseguraba que el régimen socialista había enviado a varios norcoreanos a China y Rusia para trabajar de manera forzada y poder así acceder a sus ingresos. En la misma línea, el diario inglés The Telegraph apunta a que hay más de 30.000 norcoreanos que trabajan en Rusia en condiciones pésimas, con salarios mensuales que se aproximan a los 230 dólares. Algunos, asegura, fueron empleados para la construcción del estadio de San Petersburgo, donde se disputaron varios partidos del pasado mundial. Al parecer, al menos uno de los norcoreanos murió en los trabajos de obra.

El informe emitido por el Consejo de seguridad también describe cómo el régimen norcoreano viola las restricciones a la importación de petróleo. De acuerdo con las actuales sanciones, sólo puede recibir 500.000 barriles al año. Sin embargo, mediante una complicada red de transferencia del combustible entre buques, y a través de una serie de tuberías submarinas conectadas con sus puertos, consiguió introducir más de dos millones de barriles entre enero y agosto del año pasado. De manera similar, también habría conseguido evadir las sanciones que restringían sus importaciones de carbón.

Además de estas técnicas, Corea del Norte contaría con cuantiosas reservas de dinero en China. El gigante asiático es el principal socio comercial del régimen de Kim Jong-un. A pesar de que la última ristra de sanciones ha obligado a China a reducir el flujo de bienes con su vecino, se estima que aproximadamente tres cuartas partes de las importaciones y exportaciones norcoreanas tienen su origen o destino en el país presidido por Xi Jinping. Según la CNN, el régimen de Kim Jong-un habría acumulado parte de los ingresos que obtiene de sus exportaciones en entidades financieras del gigante asiático. Manteniendo el dinero fuera del país, Kim y los suyos se aseguran poder moverlo con mayor facilidad en caso de necesidad en el futuro.

Corea del Norte también recibe fondos en calidad de ayuda oficial al desarrollo. En 2017, los países miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OECD destinaron aproximadamente 133 millones de dólares a proyectos orientados al fomento de la actividad económica del país.

Por último, cabe mencionar la gran apuesta que está realizando Corea del Norte por el turismo. Según informó la agencia de viajes Travel Corea en 2016, los ingresos de la industria habían crecido un 30% con respecto al año anterior, y se esperaba que tendencia continuase durante los años siguientes. Como ya explicó El Confidencial, Kim Jong-un está tratando de fomentar las visitas a su país, pues es otro método de hacerse con moneda extranjera. La compañía CoreaNorte ofrece itinerarios de once días a un precio medio de 2.690€ por persona. Ni que decir tiene que, en un país donde la renta per cápita roza los 2.000€, cada extranjero es visto como una fuente de riqueza.

Además, con el turismo también se pretende cambiar la imagen del país en el extranjero. En su página web, Travel Corea describe Corea del Norte como el país “más puro y que mejor mantiene sus tradiciones milenarias desde su creación”, y asegura que sus paisajes, templos y reservas naturales no dejarán a nadie indiferente.

 

Fuente: El Confidencial | Alberto Ballesteros

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