Miércoles. 20.11.2019 |
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Un primer ministro iraquí maniatado ante la presión de las calles y de Irán

En medio de la crisis social más grave que atraviesa Irak desde la caída de Sadam Husein en 2003, el primer ministro del país pierde cada día fuerza y margen de maniobra debido a las protestas y a la presión directa e indirecta de Irán, afirman expertos.

Un primer ministro iraquí maniatado ante la presión de las calles y de Irán

Hace un año, Adel Abdel Mahdi, un político independiente, sin partido ni un gran apoyo popular, llegaba al poder gracias a una alianza improbable y frágil con el líder populista chiita Moqtada Sadr y el líder de los paramilitares pro-Irán en el parlamento, Hadi al-Ameri.

Abdel Mahdi parecía ser el hombre que generaba el consenso: merecía el visto bueno de la mayor autoridad chiita del país, el ayatolá Ali Sistani, y era aceptado de forma tácita por los dos países, enemigos acérrimos entre ellos, que más influencia tienen en Irak: Irán y Estados Unidos.

Sin embargo, el primer ministro dijo, desde el día en que asumió su cargo, que tenía su carta de dimisión preparada y “en el bolsillo”. Contra todo pronóstico Abdel Mahdi sobrevivió al verano iraquí, un periodo marcado por manifestaciones, a menudo violentas, pero le será difícil salir ileso del movimiento popular de protesta que brotó de forma espontánea a principios de octubre.

Los manifestantes, compuestos en su mayoría por jóvenes desempleados, piden trabajo y mejores servicios y denuncian la corrupción. Decenas de ellos han muerto a manos de los francotiradores que el Estado asegura no conocer y no poder identificar.

Según explicaron a la AFP responsables del gobierno que han preferido que sus nombres no sean publicados, Abdel Mahdi redactó su discurso de dimisión cuando estallaron las protestas y tenía intenciones de leerlo en directo en televisión.

Sin embargo, fue algo que jamás ocurrió. A cambio, los iraquíes pudieron escuchar de madrugada en la televisión pública un discurso parco en el que se proponían algunas ayudas sociales puntuales y que sólo multiplicó la indignación en las calles.

El primer ministro está dispuesto a dimitir, “pero tuvo que quedarse por diferentes presiones”, dicen estos responsables. “Tiene las manos atadas por los partidos políticos que le llevaron al poder”, dice otra fuente cercana al gobierno, explicando que por ello adoptó ahora un tono más duro hacia los manifestantes que piden “la caída del régimen”.

Sus aliados, la mayoría de ellos muy cercanos a Irán, explican que su dimisión provocaría el caos y el propio primer ministro ha dicho que seguirá al mando para evitar un desastre político y económico. En estos días, el jefe de gobierno pidió a los manifestantes que “vuelvan a su vida normal” y dejen de “ser usados como escudos humanos”. Diez civiles han muerto tiroteados en las protestas en los tres últimos días.

“Está encerrado en una burbuja. Le han dicho que las manifestaciones son un complot contra su gobierno y que tiene que permanecer en el poder y se lo ha creído”, dice uno de los responsables entrevistados por la AFP. Además, ha perdido en el camino a un aliado, el presidente de la República, Barham Saleh, según sus allegados.

“Saleh fue el primero que sugirió que había que encontrar una alternativa a Abdel Mahdi”, dicen estas fuentes. “Su relación se deterioró muy rápido” cuando el jefe de Estado se puso a recibir a todos los políticos del país para encontrar una salida a esta crisis que incluía la celebración de elecciones anticipadas y un cambio de gobierno.

El martes, Abdel Mahdi consideró irreal que se puedan hacer elecciones anticipadas. “Piensa que si él cae, todo el mundo cae con él”, dice un responsable. A esto se añade, según fuentes del gobierno, la presión de Irán y de los aliados de Irán en Irak. Esto últimos lograron que el primer ministro deje de lado a comandantes militares considerados cercanos a Estados Unidos, según estas fuentes.

La presión fue en aumento cuando a principios de mes, el general iraní Qassem Soleimani, comandante de los Guardianes de la Revolución, reunió en Bagdad y en la ciudad de Nayaf, al sur, a los principales políticos iraquíes para convencerles de permanecer unidos en torno al gobierno.

“Él es quien da las instrucciones”, dijo uno de los responsables.

El primer ministro iraquí “no está en condiciones de resistir: sabe que si no sigue las instrucciones iraníes será reemplazado y considerado culpable por todo lo que está pasando”, dice otra fuente.

Para el politólogo Essam al-Fili, Abdel Mahdi “es la víctima de las luchas intestinas” de un gobierno que parece haber perdido “el poder de tomar decisiones de forma independiente”.

Fuente: 24Matins

Un primer ministro iraquí maniatado ante la presión de las calles y de Irán
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