Miércoles. 20.06.2018 |

La revolución española de 1936 traicionada en 2018 por el PSOE y los partidos independentistas

La revolución española de 1936 traicionada en 2018 por el PSOE y los partidos independentistas

Ya sabemos que hablar de "revolución" como sinónimo de "insurrección" o de "motín" es darle, simplemente, un valor negativo: no define la trascendencia y la calidad del cambio producido.

La palabra "revolución" alcanza su valor más significativo, su aspecto positivo y más noble, cuando representa la sustitución rápida, decidida, violenta, de un orden caduco por otro más efectivo y menos injusto -no podemos hablar, sin embargo, de plena y total justicia en lo humano-. En la revolución, la "insurrección" es solo una de las fases iniciales.

Toda revolución suele tener algún aspecto repulsivo y éste suele darse, como es lógico, principalmente en el momento insurreccional, porque se produce un desenfreno pasional y, a veces, un caos -inducido o no- de notable magnitud.

La deriva caótica puede depender de actores y factores externos y de pescadores de fortuna en río revuelto, aunque suele tratarse de una acción bien trazada por los servicios de inteligencia de potencias interesadas.

Como quiera que desde la oposición legal no se puede emplear la violencia jurídica, ya que la ley es administrada por quien detenta el poder; y desde el poder la violencia física sería antijurídica, todo cambio brusco y de giro muy marcado suele ir acompañado de una fase de explosión sangrienta.

Esto es lo que no ha asumido el independentismo catalán porque no había en realidad voluntad real de cambio, excepto, quizás, en algunos pocos elementos muy radicalizados y verdaderamente revolucionarios. La opinión pública, desde Vietnam, no tolera muertos tan fácilmente. La táctica de mera apariencia, de disimulo fascista -"La Marcha sobre Roma" fue una magnífica obra de teatro incruenta-, puede producir grandes efectos, pero no deja de ser coacción frente a un estado débil, lo cual no es el caso de la España de 2017.

Dejarse juzgar por "rebelión y sedición" por el mismo estado al que se combate, levantaría las sospechas de cualquier revolucionario honesto. Huir es siempre una cobardía a menos que se planee el regreso armado hasta la toma del poder.

La Revolución Francesa y su excrecencia dictatorial napoleónica ilustran muy bien estos aspectos.

Nos interesa, sin embargo, el caso español. La guerra civil de 1936 puede estudiarse bajo muchos conceptos, todos ellos sugestivos: militares, religiosos, constitucionales, económicos, pero no cabe duda de que evidenció una explosión de tensiones revolucionarias tan fuertes que, con verosimilitud, algunos historiadores marcan su inicio en la Revolución de Asturias de 1934.

La guerra civil fue una guerra revolucionaria que incluyó a sectores trascendidos en ambos bandos contendientes, como lógica consecuencia final del desbordamiento de la legalidad republicana por parte de los extremistas de izquierdas y derechas. El independentismo catalán, e incluso el vasco, no han asumido el riesgo de la guerra porque históricamente estaban en el bando contrarrevolucionario y, en muchos casos, estaban en la antesala del Carlismo.

Diseñemos las fuerzas políticas más significativas de la España bélica de 1936 y notemos dónde están los secesionismos actuales:

FUERZAS REVOLUCIONARIAS

1. Socialismo. Fundamentalmente, PSOE. Con un PCE residual al inicio.

2. Sindicalismo y anarco-sindicalismo. Muy fuerte en Cataluña con la CNT-FAI.

3. Comunismo. Minoritario pero muy activo. Domina el ciclo final de la guerra.

4. Trotskistas. POUM y afines. Liquidados por Stalin en Mayo de 1937.

5. Falange Española de las JONS.

FUERZAS CONTRARREVOLUCIONARIAS

1. Tradicionalistas. Carlistas. Católicos militantes.

2. Monárquicos liberales.

3. Izquierdas burgueso-republicanas.

4. CEDA. Confederación de derechas y, hoy, centro-derecha.

5. Independentismo vasco. PNV y afines.

6. Independentismo catalán. Estat Català y afines a derecha e izquierda.

Todas las fuerzas revolucionarias sin excepción asumían el precio de sangre de la fase insurreccional que hemos citado al principio. No sucedía lo mismo en el bando de la contrarrevolución, siempre pactista y burgués. Y así, se produjeron alianzas temporales de dudosa honestidad política:

ZONA "NACIONALISTA"

Contrarrevolucionarios:

-Tradicionalistas.

-Monárquicos liberales.

-CEDA.

Revolucionarios:

-Falange Española de las JONS: republicana y no tradicionalista.

ZONA "REPUBLICANA"

Contrarrevolucionarios:

-Izquierdas burgueso-republicanas.

-PNV y afines: católicos.

-Independentistas catalanes y afines.

Revolucionarios:

-Socialistas. PSOE y afines.

-Sindicalistas.

-Comunistas. PCE y satélites soviéticos.

-Anarquistas y afines.

¿Podía haber Revolución verdadera con la alianza de los contrarrevolucionarios? Acaso solo si se sometían como simples compañeros de viaje -táctica de los Frentes Populares-. Pero no. No puede haber Revolución con la suma de elementos contrarios a ella. No puede haber Revolución Soviética con los "rusos blancos", o Revolución Francesa pactada con Luis XVI.

Aparte del uso y abuso de propaganda y léxico popularizados de tipo revolucionario que enervó a multitudes y movilizó eufóricamente a mucha gente, ¿fue traicionada en 1936, en España, y ahora, en 2018, en Cataluña, la voluntad auténtica revolucionaria, y la doctrina formulada en tal sentido?

¿Hubo una falsificación, una ficción revolucionaria, excepto en el espíritu publicitario del "agit-prop" mediático de masas? Sin duda, en Cataluña, en 2017-18, sí. Porque sin duda alguna los líderes revolucionarios no han estado a la altura moral y política que les correspondía, asumiendo los riesgos que toda insurrección conlleva.

¿Hay un intento de limpiar la mala conciencia histórica del PSOE por su traición a la revolución en 1936, intentando ganar con leyes en 2018 la dignidad que perdieron no en los frentes de batalla, sino en la retaguardia política frente al PCE y los nacionalistas quienes, ya se ha visto, eran contrarrevolucionarios?

El PSOE vuelve a pactar con la vieja derecha de la contrarrevolución, el PP, y con la nueva derecha burguesa, Ciudadanos, para dirigir la mirada de los españoles hacia un pasado muerto y enterrado que no puede disipar las dudas sobre un futuro político que, nos tememos, se está cociendo en otros despachos para otras traiciones nacionales, en otras latitudes.

Francisco Segarra

La revolución española de 1936 traicionada en 2018 por el PSOE y los partidos independentistas
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