Miércoles. 21.08.2019 |
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La OTAN se prepara para afrontar “un mundo con más misiles rusos”

Stoltenberg no ve solución para el tratado INF, que caduca el 2 de agosto.

La OTAN se prepara para afrontar “un mundo con más misiles rusos”

Lo firmaron Reagan y Gorbachov en 1987 y lo van a enterrar Trump y Putin dentro de quince días. El próximo 2 de agosto, si nadie le pone remedio –y no lo parece–, el tratado INF (Intermediate Range Nuclear Forces) dejará de ser efectivo y con él decaerá la prohibición que durante 30 años han mantenido Washington y Moscú lejos de poseer, producir o probar misiles basados en tierra con un alcance de entre 500 y 5.500 kilómetros.

En la OTAN ven inevitable el desenlace y su secretario general, Jens Stoltenberg, empieza a preparar el terreno. “Tenemos que estar pre­parados para un mundo sin tratado INF y con más misiles rusos”, de­claró ayer a la BBC. La fecha límite está al cabo de la calle, y al no divisar ningún signo de que Rusia esté ­dispuesta a flexibilizar su postura, la Alianza Atlántica da el caso por perdido.

Éste fue el tratado que puso fin a la crisis de los euromisiles que, a finales de los setenta y principios de los ochenta, elevó la tensión entre las dos superpotencias por amenazas mutuas en suelo europeo. Los Pershing norteamericanos fueron la respuesta al despliegue de los
SS-20 soviéticos que, armados con cabezas nucleares, podían llegar a cualquier lugar del continente.

En realidad, el tratado lleva años en crisis, con una mala salud que hasta hace poco parecía de hierro. Es cierto que la administración Obama denunció repetidamente que desde 2013 Rusia incumplía el tratado y que, con el modelo SSC-8, estaba desarrollando el tipo de misiles que prohíbe el INF, es decir, los de corto y medio alcance basados en tierra. Con Trump aumentó de volumen la retórica de Washington, y también se multiplicaron las violaciones rusas, según la versión de la OTAN, que señala claramente y sin dudas, a Rusia como responsable del desacuerdo por violación repetida y flagrante del tratado.

El 1 de febrero, Donald Trump denunció el INF y al día siguiente, Putin hizo lo mismo. Empezaron los seis meses de plazo que da el mismo texto para buscar una solución antes de que quede abandonado definitivamente. Las semanas han transcurrido y ninguna de las partes se ha movido, con lo cual enfocamos la recta final del fin de uno de los tratados considerados básicos para asegurar la seguridad en Europa.

“Esto es grave. El tratado INF ha sido un pieza central en el control de armamentos durante décadas y ahora vemos la muerte del tratado”, dijo el secretario general de la OTAN, quién no tiene dudas en señalar a Rusia como responsable. Los nuevos misiles que están preparando son “una clara violación del tratado”, y suponen una amenaza dado que tienen capacidad nuclear, movilidad, son muy difíciles de detectar y capaces de alcanzar las ciudades europeas en cuestión de pocos minutos.

En estos últimos meses, la OTAN ha advertido que responderá de forma “medida y defensiva” si se entierra al tratado. Lo que la Alianza descarta, al menos por el momento, es desplegar misiles en territorio europeo. Las medidas se tomarán cuando el tratado esté formalmente muerto, pero todo indica que se referirán a un aumento de la defensa aérea convencional y de la protección antimisiles, una intensificación de los ejercicios de entrenamiento de las fuerzas de la OTAN, y del planteamiento de nuevas iniciativas sobre el control de armas.

A finales de año, fuentes diplomáticas de la OTAN expresaron a La Vanguardia la preocupación de que, si Washignton denunciaba el tratado, Rusia podía quedar en posición ventajosa, y los Estados Unidos como responsables. Es por ello que desde entonces, han sido continuas las acusaciones lanzadas contra Moscú de violar el tratado y de considerarlo como único responsable de su posible abandono. Un tratado sólo tiene sentido si lo cumplen las dos partes, dijo en varias ocasiones Jens Stoltenberg, defendiendo al cien por ciento la posición norteamericana.

Fuente: La Vanguardia | Jaume Masdeu

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