Jueves. 23.11.2017 |
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CRISIS DIPLOMÁTICA DE CATAR

Arabia Saudí necesita del miedo y de la inestabilidad en la zona para sobrevivir

La monarquía saudí ha aprovechado el reciente apoyo incondicional de Trump para desencadenar una nueva crisis, esta vez contra su socio más incómodo, Catar. Las monarquías del Golfo necesitan crear inestabilidad para así justificarse y sobrevivir.

Arabia Saudí necesita del miedo y de la inestabilidad en la zona para sobrevivir

Hace tres semanas, el presidente de los Estados Unidos inició su primera gira de política exterior. La primera para lo llevó a Riyadh, donde se encontró con cincuenta líderes de países musulmanes i los arengó sobre la lucha contra el terrorismo.

En una de las sesiones bilaterales, Trump aseguró al monarca de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, que su país estaba dispuesto a discutir "la compra de equipos militares muy bonitos, porque nadie los hace como Estados Unidos".

Según dijo el mismo Donald Trump, la visita fue un éxito i los Estados Unidos consiguió el apoyo unánime del Islam sunita. De hecho, el presidente apuntó a Irán como principal responsable del financiamiento del terrorismo internacional.

Pero de hecho, parece ser que no fue Trump quien se ganó a los países musulmanes, sino los países musulmanes a Trump. Tan solo unos días más tarde, Arabia Saudí, Egipto, los Emiratos Árabes i Bahréin cortaron sus relaciones diplomáticas con Catar i sometieron al pequeño país peninsular a un bloqueo tanto aereo como terrestre. Catar importa el 40% de la comida que consume a través de la frontera con Arabia Saudí.

Deshacerse de un socio incómodo

Según los investigadores Iyad el-Baghdadi y Maryam Nayeb Yazdi, la visita del presidente norteamericano tuvo el efecto inesperado de envalentonar a Arabia Saudí i algunos de sus más próximos aliados para hundir un socio incómodo: Catar.

Catar es la envidia de la región por su riqueza desmesuradamente grande y también por su uso extremadamente hábil de sus líderes desde los años 90. El país tiene la renta per cápita más elevada del mundo, de 130.000 $ gracias a sus reservas de gas natural. Gracias a eso los cataríes tiene una influencia que sobrepasa en ciertos aspectos a la de sus vecinos saudíes.

No es d'extrañar que Arabia Saudí haya aprovechado el apoyo de Washington para golpear a Catar. La excusa no podía ser más fácil: el terrorismo e Irán. Precisamente lo que Trump más detesta. Así, Riyadh acusó a Doha (capital de Catar) de apoyar a una lista un tanto surrealista de grupos terroristas, desde el Estado Islámico hasta los rebeldes Hutis del Yemen, pasando por Hezbolá. I más grave todavía, ya que supone una deshonra para un país sunita delante de sus hermanos de fe, señaló la culpabilidad de Catar por simpatizar con Irán, el demonio chiita y principal rival geopolítico de Arabia Saudí.

Si bien Catar ha financiado durante años al movimiento conocido como Hermanos Musulmanes por todo el mundo árabe, el país también alberga una importante base militar norteamericana (con 10.000 soldados americanos). Además, es miembro activo de la coalición contra el Estado Islámico i los rebeldes Hutis del Yemen.

Arabia Saudí: la inestabilidad regional como forma de perpetuarse en el poder

En realidad, la motivación principal de Riyadh es hundir la maquinaria internacional de un Catar que siempre ha ido demasiado de por libre, al contrario de la resta de monarquías del Golfo, enganchadas incondicionalmente al rey saudí.

La situación actual complica todavía más el tablero geopolítico de Oriente Medio, al separar una pieza que formaba parte de uno de los bloques enfrentados y ponerla en una complicada situación en zona de nadie.

Por otro lado, aprovechando el entendimiento, el Estado Islámico no desaprovechó la ocasión de añadir más leña al fuego y reclamó el mortífero atentado del Parlamento iraní de la semana pasada. En su turno y sin demora, Irán acusó a Arabia Saudí de estar detrás de los ataques y los vinculó también a la visita de Trump a Riyadh.

Según El-Baghdadi y Nayeb Yazdi, todos los países que participan en el conflicto son culpables de la actual escalada de tensiones, y todos ellos han financiado el terrorismo de una u otra forma, han interferido en los asuntos internos de otros países y han cometido gravísimas violaciones de los derechos humanos. Según los autores, "no hay entre ellos ninguna parte inocente, ni socio fiable para trabajar para la paz y la estabilidad".

De otros estados, viendo una oportunidad para mejorar su estatus, están intentando hacer de mediadores en el conflicto. Entre ellos el emir de Kuwait y el presidente turco, deseoso de hacer de su país el nuevo centro de gravedad geopolítico del mundo islámico.

No obstante, Arabia Saudí no parece estar dispuesta a aflojar. De hecho, El-Baghdadi y Nayeb Yazdi afirman que sus líderes necesitan el miedo y la inestabilidad para seguir gobernando. Así conseguirán mantener el control a nivel interno y el apoyo de potencias como los Estados Unidos, que se perciben como socios necesarios.

No obstante, como se ha visto las monarquías del Golfo son parte del problema.

Fuente: CatDiàleg. Leer artículo original aquí: "Crisi de Qatar: l’Aràbia Saudita necessita crear tensió per a sobreviure".

Arabia Saudí necesita del miedo y de la inestabilidad en la zona para sobrevivir
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