Jueves. 21.02.2019 |
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El caso Huawei se ha convertido en un conflicto geopolítico internacional

FOTO: Greg Baker | AFP
FOTO: Greg Baker | AFP

EEUU presiona a sus aliados para que sigan su ejemplo y aparten a la firma china de sus sistemas tecnológicos. Pero esta cuenta con el respaldo de Pekín, y enfrentarse a China tiene consecuencias.

El caso Huawei se ha convertido en un conflicto geopolítico internacional

Por ahora, los problemas de la compañía de telecomunicaciones china Huawei con Estados Unidos tienen aún una base más económica y legal que geopolítica, o al menos eso es lo que aseguran las autoridades estadounidenses. Pero a medida que el conflicto se internacionaliza, todo eso está cambiando muy rápido. EEUU está presionando a sus aliados para que sigan su ejemplo y rompan con la firma china. Pero las implicaciones de esa postura no son meramente económicas, sino que suponen tener que enfrentarse al coloso que representa China. Y Europa no está convencida.

La crisis fue desatada por la detención de su directora ejecutiva Meng Wanzhou en Canadá el pasado 1 de diciembre siguiendo una orden internacional emitida por EEUU bajo la acusación de haber violado las sanciones contra Irán, permitiéndole acceder al sistema financiero basado en el dólar a través de dos firmas pantalla. Dos meses después, el Departamento de Justicia de EEUU lanzó una lista de 23 acusaciones formales contra Huawei, entre las que se incluían también la conspiración para cometer fraude y el robo de secretos tecnológicos de empresas estadounidenses. Además, altos funcionarios estadounidenses sostienen que la empresa es una amenaza para la seguridad nacional y se sospecha que su tecnología podría ser una puerta para el espionaje.

Meng no solo es la cabeza visible de la compañía, sino también la hija de su fundador, Ren Zhengfei, un antiguo ingeniero militar que se cree que tiene importantes conexiones dentro del Partido Comunista chino. Eso ayuda a explicar que China haya entrado en la pelea con todo su peso, movilizando sus resortes diplomáticos, presionando a aliados y rivales por igual, y llegando al extremo de recurrir a lo que el experto Chimène Keitner llama “diplomacia de rehenes”, deteniendo a dos ciudadanos canadienses bajo acusaciones de amenazas a la seguridad nacional, en un intento descarado de conseguir una especie de intercambio de prisioneros con Canadá.

“Dado que una extradición requiere de luz verde política en último término, las consideraciones diplomáticas no pueden sino jugar un cierto papel”, afirma Keitner, profesor de legislación internacional en el Colegio de Derecho UC Hastings de San Francisco, en un artículo en la revista 'Foreign Affairs'. Y en un régimen monolítico como el chino, donde no existe una verdadera separación de poderes y todo depende del Estado, las autoridades carecen de la capacidad de comprender cómo funcionan las democracias, y están convencidos de que estas estrategias de presión son eficaces a la hora de asegurar la puesta en libertad de Wanzhou. Pero lo más preocupante es que China podría estar en lo cierto: en diciembre, al ser preguntado por el caso y su influencia en las negociaciones sobre la guerra comercial en marcha, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó: “Si creo que es bueno para lo que sin duda será el mayor acuerdo de comercio jamás realizado, que es algo muy importante, y si es bueno para la seguridad nacional, sin duda intervendría si pensase que es necesario”.

Existen precedentes, como cuando Trump intervino personalmente para relajar las sanciones impuestas por el Departamento de Comercio a la empresa de telecomunicaciones china ZTE, en lo que entonces fue percibido como un intento de congraciarse personalmente con el presidente chino Xi Jinping. “La disposición de la administración a intercambiar medidas de seguridad por ventajas comerciales es preocupante. Lleva a China y a otros países a concluir que las acusaciones estadounidenses sobre la amenaza de seguridad que representa Huawei son meramente un pretexto cínico para conseguir ventajas en comercio”, escribe Edward Alden, analista del Consejo de Relaciones Exteriores de EEUU. “Esta es una percepción peligrosa, que envalentonará a China a tomar represalias”, afirma Alden.

 

Apartar a Huawei tiene consecuencias

Pese a ello, países como Australia, Nueva Zelanda o Israel ya han anunciado su decisión de erradicar a Huawei de sus sistemas tecnológicos. Otros, como Alemania, Polonia, Francia o el Reino Unido están evaluando el camino a seguir. Los ministros alemanes se reunieron este miércoles en Berlín para debatir si descarta o no a la firma china de la puja para establecer la red de 5G del país, a la vez que el ministro de Economía de Francia Bruno Le Maire señalase que el país está tomando medidas para proteger la seguridad en las telecomunicaciones. El temor es que este sistema permita a China reunir cantidades masivas de datos confidenciales e información política, o perturbar las infraestructuras en caso de conflicto. Pero el hecho de que la reunión alemana concluyese sin una decisión, y que Le Maire haya dicho que no anunciarán medidas sino “en un futuro próximo”, ilustra la dificultad del problema.

Otro país donde Huawei se enfrenta a la posible hostilidad de las autoridades es Polonia, donde casi con certeza la firma será excluida de la red 5G después de que un empleado de la compañía fuese detenido el mes pasado junto a un antiguo funcionario de seguridad polaco por cometer espionaje. Huawei se ha ofrecido construir un centro de seguridad en Polonia, similar a los que ya operan en el Reino Unido y Alemania, para aportar confianza y demostrar que sus equipos no contienen “puertas traseras” que permitan el acceso a los servicios de inteligencia chinos.

Una de las claves de esta cuestión es que Huawei es una de las empresas mejor posicionadas del mundo en tecnología 5G, las redes de internet de quinta generación inalámbricas y ultrarrápidas de las que dependerán casi todos los aparatos tecnológicos, desde los coches autónomos hasta las plantas energéticas. Y la empresa china proporciona un sistema de alta calidad a bajo precio, con el que resulta difícil competir en términos de libre mercado.

“Aunque los aliados europeos como el Reino Unido, Alemania y Polonia comparten algunas de las preocupaciones de seguridad de EEUU, sus cálculos representan un desafío mayor”, afirma el analista Kevin Allison en GzeroMedia, un blog de la consultora internacional Eurasia Group. “En primer lugar, a diferencia de EEUU, donde la cuota de mercado de Huawei es prácticamente cero, la compañía china ya tiene una gran huella en redes de datos europeas ya existentes, especialmente en el Reino Unido y Alemania. En segundo lugar, aunque dejar fuera a Huawei satisfaría al principal socio de seguridad de Europa, simultáneamente contrariaría a su segundo socio comercial. Y en tercer lugar, evitar el equipo de redes relativamente menos caro de China sería costoso. El tiempo y los gastos extras requeridos para construir una red sin elementos chinos podría retrasar el despliegue de nuevas tecnologías innovadoras como la manufacturación avanzada que se generará sobre las nuevas conexiones ultrarrápidas 5G”, afirma.

 

¿Hegemonía cuestionada?

Y en medio de todo se encuentra Canadá, que es quien debe tomar las decisiones más difíciles, no solo porque los dos principales suministradores de servicios de telecomunicaciones, Telus y BCE, calculan que les costaría más de 1.000 millones de dólares tan solo retirar los equipos de Huawei en las partes ya construidas de su red 5G, sino porque dos de sus ciudadanos permanecen encarcelados como moneda de cambio, a la espera de que el caso Meng se resuelva. El pasado 28 de enero, Canadá confirmó haber recibido la petición formal de extradición por parte de las autoridades estadounidenses, Ahora, los abogados del Departamento de Justicia canadiense deben determinar en un plazo de 30 días si hay base para proceder con dicha extradición, sobre la cual deberá decidir un juez. Los defensores de Meng esperan que, dadas las declaraciones de Trump al respecto, se considere que existe una motivación política para la solicitud, y esta sea desestimada.

Algunas voces llaman a evitar que el problema con Huawei se convierta en un veto efectivo a todo lo chino. “Eso estrecharía el abanico de vendedores, y eso podría afectar a los costes. Más importante, habría consecuencias políticas: China podría verse tentada a tomar represalias contra empresas alemanas”, ha declarado Dieter Kempf, jefe de la Federación de la Industria Alemana (BDI), a la agencia Reuters. “Creo que el camino correcto sería que gestionemos los riesgos en lo relacionado con los ofertantes. Debemos trasladarle nuestras reservas a la parte china y dejarle claro que no lo toleraremos en nuestro sistema legal”, opina.

Así, la actuación de EEUU genera importantes dudas a ambos lados del Atlántico. ¿Es el caso Huawei una disputa legal y comercial legítima, o Washington trata de usarlo como forma de presión dentro de su guerra comercial con China, de la que dependen 360.000 millones de dólares? ¿O se trata tal vez de un intento de desbancar a una empresa que amenaza la hegemonía de las compañías tecnológicas estadounidenses en un campo decisivo como es el del 5G? “Si los aliados de EEUU creen que la administración está dispuesta a ceder en sus objetivos de seguridad para obtener ventajas comerciales, Estados Unidos obtendrá poco apoyo internacional para cualquiera de las dos cosas”, opina Alden.

Sea como fuere, Huawei se ha convertido en la punta de lanza de un enfrentamiento entre EEUU y China que va mucho más allá de lo económico, y que lleva visos de seguir creciendo. “Algunos dentro de la administración Trump están convencidos de que China representa una creciente amenaza de seguridad de tal magnitud que EEUU necesita desconectar totalmente su economía de la china”, comenta Keitner. Los dos países están sacando músculo económico y 'soft power' para apoyar a sus peones comerciales, y el resto del mundo se ve obligado a tomar decisiones que podrían condicionar el futuro de sus redes tecnológicas durante décadas.

 

Fuente: El Confidencial

El caso Huawei se ha convertido en un conflicto geopolítico internacional
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