Miércoles. 23.01.2019 |
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El crimen secreto de Hitler que inició la Segunda Guerra Mundial

Muchos historiadores han pasado por alto este asesinato de un desconocido nacionalista polaco a manos de siete oficiales de las SS un día antes del inicio oficial del conflicto, el 1 de septiembre de 1939.

El crimen secreto de Hitler que inició la Segunda Guerra Mundial

Sabemos perfectamente cómo y cuándo comenzó la Segunda Guerra Mundial. Quiénes fueron sus protagonistas y cuáles las causas y consecuencias de aquel conflicto que acabó con la vida de 60 millones de personas. Pero son muchos los historiadores que han pasado por alto el asesinato de un desconocido nacionalista polaco, a manos de siete oficiales de las SS, que le proporcionó a Hitler la excusa para invadir Polonia y sumir al mundo en el periodo más mortífero de la historia de la Humanidad.

El suceso tuvo lugar al atardecer del 31 de agosto de 1939, un día antes del comienzo oficial del conflicto. Fue en la estación de radio de Gliwice, ciudad que por entonces pertenecía a Alemania y que se encontraba muy cerca de la frontera con Polonia. La canciller alemana, Angela Merkel, no hizo referencia a él en su reunión con los primeros ministros ruso y polaco este verano en Gdansk, donde recordaron el infausto día que, 70 años antes, los tanques germanos habían cruzado las fronteras de Polonia. No se mencionó el incidente ni el civil que fue asesinado. Y los familiares de la víctima apenas han querido hablar públicamente del crimen a lo largo de estos años, como tampoco quisieron contestar a las preguntas de uno y otro bando cuando se produjo, en el momento en el que la tensión estaba en su punto más álgido.

Un año antes, el 29 se septiembre de 1938, Hitler había firmado con Francia y Gran Bretaña los acuerdos de Munich y los primeros ministros Neville Chamberlain y Édouard Daladier regresaban triunfales a casa con la convicción de que habían apaciguado las aspiraciones bélicas de los nazis. Estaban convencidos de ya no habría guerra. Además, el 23 de agosto de 1939, la URSS de Stalin y el Tercer Reich firmaron otro pacto en el que acordaban no agredirse mutuamente. Algunos pensaron que se había impuesto la paz, pero nada más lejos de la realidad.

La ansias expansionistas del «Führer» eran demasiado grandes y, al no tener ya enemigos en el frente ruso, decidió comenzar la conquista de Polonia aquel 26 de agosto. Gran Bretaña reaccionó firmando un pacto de colaboración con los polacos para la defensa mutua y consiguieron frenar momentáneamente la invasión, pero no duró mucho. El plan secreto que los alemanes habían ideado previamente fue la excusa perfecta para que Hitler justificara su expansión y el inicio de las hostilidades.

 

«La emisora está en manos polacas»

La acción fue obra de un comando de las SS bajo las órdenes directas de Reinhard Heydrich. Se inscribía dentro de la llamada Operación Himmler que Hitler había encargado para calentar el ambiente mediante la simulación de un supuesto ataque polaco a la emisora de Radio Breslau de Gliwice. Un motivo más que suficiente para justificar la declaración de guerra. Todo comenzó a las 20.00 horas del 31 de agosto, cuando media docena de sus hombres, muy bien armados y vestidos de civil, asaltaron las instalaciones de esta. Redujeron a tres empleados y un policía, para leer después en polaco una violenta proclama contra el «Führer» y el Tercer Reich.

Aquellos alborotadores eran en realidad miembros de las SS disfrazados con patillas y bigotes al estilo polaco. Los mismos hombres que habían comenzado poco antes una campaña de atentados en Polonia para desestabilizar el país, como fue la bomba en la estación ferroviaria de Tarnow. Aquel día le llegó el turno al programa vespertino que se retransmitía en directo. Irrumpieron allí por la fuerza para conectar un micrófono y permitir que un intérprete emitiese consignas patriotas y antigermanas en polaco. Entraron disparando al aire y dando gritos para que las falsos mensajes se escucharan de fondo. Uno de ellos decía: «¡Atención! Este es Gliwice. La emisora está en manos polacas».

La razón que llevó a los alemanes a idear este plan fueron las discusiones que el Tercer Reich y el Gobierno de Polonia mantenían desde hace años en referencia a una serie de reclamaciones fronterizas en la zona. De ahí que otro de los mensajes asegurara que habían comenzado la invasión de Alemania con el objetivo de obtener sus «justas reclamaciones».

 

Franz Honiok

Para dramatizar más la escena, llevaron hasta allí a nuestro triste protagonista, un nacionalista polaco local, llamadoFranz Honiok, al que las SS había detenido un día antes. Lo arrastraron hasta allí absolutamente drogado y, nada más llegar, le pegaron un tiro en la puerta y dejaron su cadáver, a la vista de todos. Iba vestido con el uniforme del ejército polaco que habían robado previamente para que no hubiera confusión. Tan solo estuvieron 15 minutos en la emisora y, por un fallo técnico, tan solo llegaron a emitirse nueve palabras del discurso. Entre ellas no estaban las del anuncio de la falsa invasión de Alemania, pero las demás fueron suficientes para que Hitler encontrara su deseada excusa pública.

Después subieron el cadáver de Honiok a la sala de retransmisión para que se hicieran las fotos pertinentes que saldrían en los periódicos. Este agricultor católico de 43 años era la primera víctima mortal de la Segunda Guerra Mundial. Había sido despiadadamente seleccionada después de participar en varias revueltas locales contra el dominio alemán en Silesia, con el objetivo de que sirviera de anzuelo en la fingida agresión polaca. Cuenta el historiador Michael Burleigh en « El Tercer Reich: Una nueva historia» que, para producir el efecto esperado en la población, añadieron otro muerto más a la escena. Se cree que fue un preso sacado directamente de un campo de concentración al que asesinaron allí también y del que nunca trascendió el nombre.

Fue descarada la forma en que el «Führer» explotó aquel ordenado por él, con el comandante de Alfred Naujocks al mando de una unidad de asalto de élite. No encontraron ningún tipo de resistencia por parte de los guardias de la emisora y pudieron inmovilizar rápidamente a los tres ingenieros que había de servicio. Un cuarto de hora después de que los autores abandonaran el lugar, las radios alemanas ya informaban de lo sucedido siguiendo el guión perfectamente trazado por los mandos nazis. Al día siguiente, un Hitler absolutamente furioso utilizaba el incidente como excusa para para declarar la guerra a Polonia. «Esta violación del territorio alemán por parte de estos gamberros del ejército polaco ha agotado, finalmente, nuestra paciencia», declaró en el Reichstag, echando la culpa a Polonia de haber iniciado el conflicto y recibiendo el aplauso unánime de los parlamentarios.

 

«Siempre ha sido secreto»

Aunque este hecho fue tratado en los juicios de Nüremberg al final de la guerra, donde 12 jerarcas nazis fueron condenados a morir en la horca, lo cierto es que no fue hasta 1958 cuando se revelaron todos los detalles a raíz de una entrevista del escritor británico Comer Clarke a Naujocks. «Sí, yo empecé todo. No creo que nadie se preocupe por mí ahora», confesó el antiguo jefe nazi en un artículo en el que era calificado como «el hombre que comenzó la última guerra».

Este ex comandante de las SS murió en 1960 y nunca fue juzgado. En su charla con Clarke contó: «En 1939, Heydrich me dijo: “Dentro de un mes estaremos en guerra con Polonia. El Führer está decidido. Sin embargo, primero tenemos que ir a la guerra y para ello hemos organizado incidentes en Danzig y en toda la frontera alemana. Pero para ello tiene que suceder algo grande y obvio"». Y después continuó citando las palabras de Heydrich, quien añadió: «Aquí es donde entra usted, Naujocks. La idea es que seis hombres y usted mismo irrumpan en la estación de radio de Gliwice, eliminen al personal y emitan un discurso en polaco y alemán en el que ataquen a Alemania y a Hitler, además de anunciar la intención de Polonia de conquistar por la fuerza los territorios disputados». Y reveló también que, efectivamente, Honiok fue drogado y arrastrado inconsciente hasta la estación de radio antes de recibir el disparo.

Pocas horas después de aquello, a las 4.45 del 1 de septiembre de 1939, el buque de guerra alemán Schleswig-Holstein disparó contra la base militar situada en la península de Westerplatte, en Polonia. Fue, oficialmente, el primer disparo oficial de la Segunda Guerra Mundial. La muerte de Honiok, sin embargo, nunca se ha incluído en ninguna conmemoración. Y como dijo a « The Telegraph» el único superviviente de la familia Honiok, su sobrino Pawel Honiok, en 2009: «Nadie ha querido hablar nunca de lo que sucedió. Siempre ha sido secreto. Los alemanes nos controlaron hasta 1945 y luego los rusos se hicieron cargo. No tenían ningún interés en investigar la verdad sobre lo que había pasado al comienzo de la guerra. Incluso los miembros de mi familia tuvieron miedo de hablar cuando eran niños. Pasaron muchos años antes de que empezáramos a escuchar algo sobre aquel suceso».

Fuente: ABC

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