Lunes. 23.09.2019 |
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ANÁLISIS | ¿Qué está pasando en Ucrania?

FOTO: Andrey Stenin | Sputnik
FOTO: Andrey Stenin | Sputnik

Ucrania estuvo en el centro del mundo en 2014. Los sucesivos acontecimientos que comenzaron con la retirada de la firma del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea y desembocaron en las protestas del Maidán, la invasión rusa de Crimea y la guerra del Donbás demostraron una realidad soterrada desde la independencia de Ucrania: la fractura de concepciones del país que debe ser Ucrania. Un análisis de Pablo Andrés para el Orden Mundial. 

ANÁLISIS | ¿Qué está pasando en Ucrania?

El 1 de diciembre de 1991 fue la fecha en la que Ucrania se constituyó por primera vez como un Estado independiente y se enfrentó a la tarea de unir territorios y provincias que nunca habían estado gobernados bajo una misma bandera. Para comprender esta situación, debemos echar un vistazo a un mapa de Ucrania y a su Historia. Ucrania es un territorio que ha sido frontera y campo de batalla entre tres grandes imperios: el austrohúngaro, el ruso y, en menor medida, el otomano. Esto produjo una gran movilidad de fronteras y de población y una heterogeneidad de lenguas.

Esta Historia imperial lastraría la construcción de una identidad nacional. Dicha construcción comenzaría, como en la mayoría de los países del este de Europa, con el declive de los imperios que los controlaban. Sin embargo, al contrario que países como Polonia o Checoslovaquia, que adquirieron su autonomía tras la I Guerra Mundial, Ucrania siguió bajo el dominio ruso, esta vez con la bandera soviética.

Durante esta etapa soviética, se producen dos hechos que afectarían a la conformación del país y que saldrían a la palestra en el conflicto territorial con Rusia en 2014. En 1921 ocurre el primero cuando la URSS puso a la región sureste de Ucrania bajo la administración de la Kiev, un hecho inédito, puesto que este territorio siempre había permanecido bajo la administración rusa; de hecho, se lo conoce como Nueva Rusia y tanto antes como ahora tiene una alta tasa de población rusa. En 1954 ocurre el segundo cuando Nikita Jruchov regaló Crimea a Ucrania para celebrar los 300 años de la reunificación con Rusia.

 

Las diferentes concepciones de Ucrania

Ucrania, al igual que sus vecinos, ha seguido una concepción de construcción nacional basada en el etnocentrismo, es decir, en la búsqueda de la identidad nacional en la cultura previa a las ocupaciones imperiales del territorio. En esta tarea de conformación nacional ha habido una serie de características que han entorpecido el proceso. Una es la juventud del propio Estado ucraniano, con apenas 20 años de existencia, lo que ha impedido que se forme un fuerte sentimiento de pertenencia nacional. Otra es la propia construcción nacional, basada en una identidad que no sienten como propia todas las regiones del país debido a su diferente recorrido histórico. Esto ha provocado una amplia descentralización con una unidad territorial bastante débil. Por último, el escaso desarrollo económico y las repetidas crisis económicas que ha sufrido el país han sacudido las ya livianas bases sobre las que se sustentaba el Estado ucraniano.

A estas tres situaciones debemos sumar la creación de diversas fracturas políticas que afectan en gran manera a la composición del Parlamento ucraniano y a la creación de diversos partidos políticos para representar los intereses de la población. La primera fractura es la división étnica del país: un 73% de la población es étnicamente ucraniana, un 22% rusa —la mayoría, en las regiones del este— y un 5% de diversas minorías. La segunda está estrechamente relacionada con la primera: un 30% de la población considera el ruso su lengua materna. La mayoría de la población rusófona se vuelve a localizar al este del país, al contrario que las personas que tienen el ucraniano por lengua materna, mayoritariamente en el oeste. La última fractura es la relacionada con la religión: los ortodoxos ucranianos dependientes del Patriarcado de Kiev son alrededor de la mitad de la población total, mientas que los ortodoxos dependientes del Patriarcado de Moscú son poco más de un cuarto de la población.

La cesión de territorio por parte de la URSS a Kiev ha marcado visiblemente la política ucraniana y la composición cultural y poblacional del país. Así, podemos ver que existen dos visiones de Ucrania: la oriental y la occidental. La visión nacional de la Ucrania oriental sostiene la creación del país sobre las dos poblaciones mayoritarias en la región, ucranianos y rusos, un Estado bicultural y bilingüe. Al contrario, la Ucrania occidental defiende que la base de la nación ucraniana debe ser únicamente la cultura y lengua ucranianas. Ambas visiones de Ucrania se apreciarán en los bandazos políticos que pegará el Gobierno de Ucrania según el origen de cada presidente. Esto provocará una gran inestabilidad política, acrecentará el distanciamiento entre las regiones del este y oeste y será uno de los condicionantes que provoque la Revolución naranja y la del Maidán.

 

La Revolución naranja y el fin de la neutralidad

Leonid Kuchma, nacido en el este de Ucrania, salió elegido presidente en 1993 en un contexto de crisis social y económica debido a la reciente independencia de Ucrania de la URSS dos años antes. Kuchma parecía poner el país en una vía que lo llevaría a estrechar relaciones con Moscú y fortalecer los lazos económicos heredados de la pertenencia de Ucrania al bloque comunista con el Pacto de Varsovia. Sin embargo, esta iniciativa se vio truncada por los diversos litigios con Rusia sobre los límites de las fronteras, lo que obligó al presidente ucraniano a mirar hacia el oeste.

Este cambio de estrategia hacia Europa occidental a principios del siglo XXI también se vio cercenado, ya que ni Bruselas ni Washington tomaron en serio las aspiraciones de Ucrania de convertirse en un aliado fiable. Esto se debió al frágil estado de su economía, que aún sufría las consecuencias de la transformación hacia una economía de mercado, y a una corrupción galopante en las instituciones, que convirtieron la política ucraniana en una lucha entre los intereses de los oligarcas. Como consecuencia del fracaso de ambas iniciativas, se estableció en el Gobierno de Kiev una política exterior de neutralidad: se buscó establecer alianzas tanto con Moscú como con Bruselas dejando siempre margen de maniobra y evitando cualquier alineamiento que limitase la soberanía ucraniana.

Tras haber agotado los diez años máximos de mandato, Kuchma convocó elecciones en 2004. Estas elecciones supusieron la primera escalada de tensiones en el país debido a las posiciones enfrentadas de las dos visiones nacionales de Ucrania y la política exterior que debía seguir. Por una parte, se presentó por el Partido de las Regiones Viktor Yanukóvich, con gran base electoral en el este de Ucrania y partidario de la misma política exterior de neutralidad. Por otra parte, Viktor Yúschenko, de Nuestra Ucrania, tenía una gran base electoral en el oeste de Ucrania y era partidario de un viraje radical hacia Occidente.

Esta tensión política explotó con la demostración de que Yanukóvich había ganado las elecciones de forma fraudulenta. Se desató la Revolución naranja, perteneciente a una serie de movimientos pacíficos de protesta en el espacio postsoviético conocidos como revoluciones de colores. Esta fue una protesta ciudadana, localizada principalmente en Kiev, que pedía la repetición de elecciones y acusaba a Rusia de intrusismo electoral a favor de Yanukóvich. Finalmente, se repitieron las elecciones y dieron como ganador a Yúshchenko, que poco tiempo después postuló a Ucrania como miembro de la OTAN y de la Unión Europea. Esta medida creó un gran descontento en las regiones orientales del país, que preferían la tradicional relación con Rusia.

Este giro radical en la política ucraniana encendió las alarmas en Moscú, que comenzó a presionar a Kiev con bloqueos comerciales a importaciones ucranianas y la subida del precio del gas —por entonces Rusia le cobraba un precio reducido—. Esto degeneró en una crisis de las relaciones de seguridad entre Rusia y Ucrania que tuvo su máximo exponente en las guerras del gas de 2006.

 

La presidencia de Yanukóvich y el Maidán

Tras una legislatura, el desgaste sufrido por el Gobierno de Yúschenko debido a la escasa recuperación económica, los continuos casos de corrupción y el descontento de las regiones del este con el Gobierno dieron la victoria electoral a Yanukóvich en 2010. Una de las primeras medidas que tomó el nuevo presidente fue la aprobación de una Ley de Principios de la Política Interior y Exterior de Ucrania, que volvía a dar a Ucrania un estatus de país neutral, retiraba la petición de ingreso en la OTAN y exponía que la prioridad de Ucrania era la colaboración en áreas de interés común tanto con la OTAN como con la Organización del Tratados de Seguridad Colectiva, liderada por Rusia. No obstante, el apoyo que tenía la Unión Europea entre la sociedad civil ucraniana hizo que se continuase profundizando las relaciones.

Esta profundización tiene como año clave 2013, cuando se comienza a preparar la firma del Acuerdo de Asociación. El Gobierno ucraniano empezó a ser reticente a su firma debido a dos factores el impacto que tendría para la economía del país al imposibilitar la competencia de las empresas ucranianas, mucho menos competitivas frente a las de la UE, y las duras reformas que se aplicarían al país, prácticamente en bancarrota, para obtener financiación del Fondo Monetario Internacional. Finalmente, Ucrania no firmó el acuerdo y pidió un aplazamiento, a lo que Bruselas respondió de manera contundente dando por terminadas las negociaciones.

Tras la noticia de la retirada del tratado, la noche del 21 de noviembre se concentraron unas 200 personas en la plaza de Maidán. La Revolución del Maidán se dividiría en dos fases. Durante la primera, los participantes de las concentraciones son sobre todo grupos de estudiantes y jóvenes activistas movilizados desde las redes sociales, a los que poco a poco se irían añadiendo organizaciones nacionalistas, como el partido panucraniano Libertad —Svoboda—. Con el desalojo de forma virulenta de la plaza por parte de los Bérkut, las fuerzas antidisturbios de Ucrania, el 1 de diciembre hubo varios movimientos claves en la política ucraniana. Se produjo un distanciamiento de los oligarcas y de los propietarios de las televisiones del país, menos comprometidos con las demandas del Maidán, y organizaciones ultraderechistas como Libertad o Sector Derecho —Pravy Sektor— tomaron peso y visibilidad en la protesta debido a la intensificación de la lucha urbana. Esto llevó a la radicalización y a la toma de los primeros edificios públicos, como el de la alcaldía de Kiev.

Durante esta segunda fase, la oposición —representada por Timoshenko y Klichkó— presionó a Yanukóvich para que no se desmantelase la plaza y atendiese sus demandas. Además, se produjeron visitas a los manifestantes por parte de altos cargos del Gobierno estadounidense y de la Unión Europea. Esto, junto con el acuerdo de asociación estratégica alcanzado entre Putin y Yanukóvich, que permitía aliviar las cuentas ucranianas, fortaleció a la oposición concentrada en el Maidán.

El Euromaidán entró en su etapa final a partir de las jornadas del 18 al 20 de febrero. Estos días son decisivos en la caída del Gobierno debido a la muerte de 90 personaspor uso de armas de fuego tanto por las fuerzas de seguridad como por los manifestantes. Se intentó llegar a un acuerdo de estabilización con mediación internacional, pero el Maidán lanzó un ultimátum: o Yanukóvich dimitía o se tomarían las armas. Finalmente, el 23 de febrero Yanukóvich abandonó Kiev y reapareció al día siguiente en Járkov, ciudad del este de Ucrania, denunciando que había sido víctima de un golpe de Estado. Ese día se celebraba en la misma ciudad el congreso del Partido de las Regiones para decidir cuál iba a ser su postura de cara a los siguientes acontecimientos. Decidieron que, hasta que no se restableciese el orden constitucional, las competencias recaerían en los órganos locales de Gobierno, lo que abría una grieta en el país y dejaba a Kiev sin el control efectivo del este de Ucrania.

Mientras tanto, en Kiev, los diputados favorables al Maidán —que ahora eran mayoría debido a la huida de la mayor parte de los diputados del Partido de las Regiones de Yanukóvich— aprovecharon el vacío de poder para realizar una especie de transmisión de poder no contemplada en la Constitución ucraniana. La recién nombrada Administración, compuesta únicamente por dos miembros de las regiones orientales y con representación de los partidos ultranacionalistas Libertad y Patria —Batkivshchina—, realizó dos acciones que ahondaron en la brecha entre las regiones occidentales y las orientales. La primera fue la derogación de la ley de lenguas, que establecía la cooficialidad de lenguas minoritarias como el ruso o el rumano en las provincias donde están más extendidas. Tuvieron que dar marcha atrás en la derogación debido a las críticas de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa y presiones de Estados Miembros de la UE. La segunda acción fue la designación de gobernadores regionales en el este y sur del país con un reparto de los cargos entre oligarcas partidarios del Maidán y los miembros de Patria y Libertad. Todo esto fue un intento de Kiev por recuperar la autoridad perdida en la región tras el cambio de Gobierno.

 

Crimea y la guerra del Donbás

Mientras en Kiev se producía el Euromaidán, el Parlamento de la República Autónoma de Crimea pidió a Rusia la protección de la autonomía de la península. Esto fue la antesala de la posterior ocupación rusa del 27 de febrero de 2014 con el beneplácito de la población, de mayoría rusa. Esta ocupación terminó con la realización de un referéndum, sin garantías, de adhesión a Rusia, que obtuvo un resultado favorable y no ha sido reconocido internacionalmente.

Tras la anexión rusa de Crimea y la llegada a la Administración central de un Gobierno hostil, en la región del Donbás se dio una oportunidad para que las reivindicaciones secesionistas prosperasen. En marzo de 2014 se producen las primeras ocupaciones, sin oposición, de edificios gubernamentales en la región. Estas ocupaciones estuvieron lideradas por el movimiento Anti-Maidán, que contaba con el apoyo militar y económico ruso.

La guerra del Donbás se dividió en tres fases. En la primera e produjeron las ocupaciones y la autoproclamación de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Entre mayo y agosto de 2014, se realizaron una ofensiva desde Kiev para recuperar los territorios secesionistas y una contraofensiva por parte de los rebeldes. Las tropas ucranianas casi consiguieron recuperar completamente los territorios rebeldes, pero su avance fue parado en seco por el envío de tropas sin identificar por parte de Moscú, lo que terminó con las esperanzas de Kiev de reunificar el territorio. La última fase se produjo en septiembre de 2015. Tuvo como punto principal una desescalada de las tensiones y la celebración de una ronda de negociaciones —los protocolos de Minsk— que ha dejado el escenario en una especie de hibernación.

 

¿Camino a la resolución?

Actualmente, el Gobierno liderado por Petró Poroshenko ha anulado la ley de estatus neutral de Ucrania y se ha volcado hacia la OTAN como única manera, a su parecer, de garantizar la independencia e integridad del país. No obstante, la falta de apoyos, la situación de inseguridad y el posible conflicto abierto, como se pudo ver recientemente en el estrecho de Kerch, imposibilitan el acceso a corto y medio plazo.

La resolución del conflicto está lejana. Lo más probable es que la parte este de Ucrania se una a la lista de conflictos congelados en el espacio postsoviético, de la que ya forman parte regiones como Abjasia y Osetia del SurTransnistria y el Alto Karabaj. El único escenario que podría ofrecer una vía para la resolución del conflicto sería la federalización del país con un reconocimiento constitucional del Donbás como región autónoma a cambio de su reintegración económica y política y un compromiso en la posición de neutralidad del país parecido al de Finlandia durante la Guerra Fría, que podría reconciliar las dos visiones sobre Ucrania que se fracturaron en 2013.

 

Fuente: El Orden Mundial | Pablo Andrés

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