Miércoles. 23.01.2019 |
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Sudán del Sur: El país más joven del mundo no conoce la paz

FOTO: AP
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La organización Human Rights Watch (HRW) ha instado al Gobierno de Sudán del Sur a investigar las violaciones y otros tipos de violencia sexual contra mujeres y niñas que viajan en el estado de Unity. A finales de noviembre un grupo de hombres armados, posibles soldados del gobierno, violaron y golpearon a más de 125 mujeres desde niñas menores de 10 años a ancianas mayores de 65.

Sudán del Sur: El país más joven del mundo no conoce la paz

No hubo parto más doloroso que el del país más joven del mundo. Sudán del Sur nació en el verano de 2011 fruto de dos guerras genocidas y siglos de esclavización por parte de los gobiernos islamistas de su vecino del norte. Nada más crearse como Estado, imprimir sus propios billetes y producir su propia cerveza nacional, la White Nile, comenzaron las rebeliones contra la supremacía de la etnia dinka en el Gobierno y su mano dura con la disidencia.

El 15 de diciembre de 2013 empezó un choque armado por las calles de la capital, Juba, entre partidarios del presidente Salva Kiir (dinka) y del vicepresidente Riek Machar (nuer), viejos amigos y enemigos que han firmado decenas de tratados de paz para ignorarlos minutos después. Los cadáveres quedaron tendidos en las calles, sin que nadie los enterrara, durante varios días. Los soldados de Kiir se dedicaron a saquear todo aquello que era saqueable y Machar y su séquito huyeron hasta la frontera con el Congo.

Para que la efeméride esté a la altura de la brutalidad de la guerra, hace unos días se supo que hombres armados, presumiblemente soldados del gobierno, violaron y golpearon a 125 mujeres, algunas niñas de menos de 10 años y otras de más de 65 años en la ciudad de Bentiu, donde 80.000 personas de la etnia nuer viven dentro de una base militar de Naciones Unidas para que no los maten. Estas mujeres habían salido para acudir a una distribución de alimentos. Además de violarlas, las despojaron de sus tarjetas de identificación para conseguir comida.

Por desgracia, esta violencia sexual, de proporciones aún desconocidas, es habitual en este conflicto, como este reportero pudo comprobar en Malakal, donde decenas de mujeres aseguraban haber sufrido asaltos sexuales cada vez que salían de la protección relativa del centro de protección de civiles de la ONU.

La factura provisional de este conflicto ignorado es de 400.000 muertos (cifra similar al de la guerra de Siria). Han muerto o desaparecido 15.000 niños. Hay 4,5 millones de desplazados, dos de ellos fuera del país, y siete millones de personas dependientes de la ayuda internacional, con 1,2 millones de niños con desnutrición aguda y otros 2,2 millones de menores sin acceso a educación por falta de colegios y profesores en aldeas que han sido arrasadas.

En realidad es que Sudán del Sur aparece en Google Maps, tiene himno propio, bandera y hasta fronteras. Pero no existe más allá de los límites de su caótica capital. El estado no está presente en la mayor parte del territorio, donde se apoya en señores de la guerra, pero no ofrece servicios básicos a sus ciudadanos como colegios, seguridad o sanidad. Este tipo de coberturas corren a cargo de cada vez menos ONG. Muchas de estas organizaciones han tenido que cerrar por la peligrosidad de su trabajo en un lugar donde hombres armados han llegado a entrar a un hospital para matar uno por uno a todos los pacientes.

La guerra civil que vive el país está saturada de matanzas. Pocos conflictos arrastran tanta brutalidad y tanta ocultación por parte de las autoridades. El Gobierno ha vetado la entrada de cientos de periodistas extranjeros para evitar que documenten las masacres que se producen impunemente por toda su geografía, incluido este reportero.

La guerra se ha ido extendiendo por zonas que al principio permanecieron neutrales, como la zona de Kodok, en el norte, o toda la región de Equatoria, en el sur, donde sobrevive uno de los ejércitos rebeldes más activos. Como las milicias están agotadas, los frentes pasan meses sin moverse y entonces entra en juego la hambruna inducida como arma de guerra, o sea, el corte intencionado de carreteras para que una determinada población no pueda acceder a alimentos. Lo ha practicado el Gobierno en los estados de Unity y en la citada Equatoria.

El futuro de Sudán del Sur es sombrío. La diáspora, formada en muchos casos por jóvenes que han estudiado en las mejores universidades de Canadá y Estados Unidos, ha sido despreciada. No se ve en el horizonte alternativa de liderazgo en ninguno de los dos bandos. Gobierno y oposición siguen dependiendo de Kiir y Machar, responsables ambos de terribles crímenes de guerra que nadie desea investigar. Cualquier intento de sustituirlos se corta con sangre. La fortuna nacional ha sido saqueada por los ministros y familiares de Kiir, que poseen millones de dólares en cuentas en paraísos fiscales. Mientras, el resto del país se enfrenta al hambre y la miseria.

Fuente: El Mundo

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