Sábado. 20.07.2019 |
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La Sudáfrica negra da la espalda a Nelson Mandela: "Hay que expropiar a los blancos"

25 años después de que Nelson Mandela fuera elegido como primer presidente negro de la historia del país, los dos partidos más populares entre la mayoría negra ponen en cuestión su obra política.

La Sudáfrica negra da la espalda a Nelson Mandela: "Hay que expropiar a los blancos"

Más de 26 millones de sudafricanos están llamados el miércoles a las urnas en las sextas elecciones generales desde el desmantelamiento del régimen de segregación racial del apartheid a principios de la década de 1990. Un cuarto de siglo después de que Nelson Mandela fuera elegido como primer presidente negro de la historia de Sudáfrica, los dos partidos más populares entre la mayoría negra ponen en cuestión una parte fundamental de su legado político, con el objetivo de avanzar más rápido hacia la anhelada igualdad racial en una de las sociedades con mayor brecha social del mundo.

El primero de estos dos partidos es el propio Congreso Nacional Africano (CNA) al que consagró su vida Mandela. Después de casi una década de estancamiento económico y escándalos de corrupción recurrentes bajo el mandato de Jacob Zuma, el partido que gobierna Sudáfrica desde 1994 acude a las urnas con el reformista Cyril Ramaphosa como candidato a la reelección. Todas las encuestas le dan ganador, aunque sufriendo una caída respecto a las anteriores elecciones. Ramaphosa sustituyó a Zuma en la presidencia del país en febrero del año pasado, después de que Zuma perdiera el control del CNA y el partido le forzara a dimitir como jefe del Estado.

Desde que llegó al poder, Ramaphosa ha traído a los Union Buildings un discurso centrado en la lucha sin cuartel contra la corrupción de su predecesor y sus aliados. Además, este antiguo sindicalista convertido en acaudalado empresario ha convertido la inversión extranjera en la gran prioridad de su gobierno.

Sin embargo, la principal baza electoral del partido entre las masas desfavorecidas que le dan sus mayorías absolutas en las urnas es otra bien distinta, que pone nerviosos a muchos de los que aplauden la apuesta por la inversión privada del presidente.

Se trata del compromiso de Ramaphosa de impulsar, con su mayoría parlamentaria, una reforma del capítulo de derechos de propiedad de la Constitución, de manera que contemple expresamente la posibilidad de que el gobierno expropie tierras sin compensación económica para dar acceso a más sudafricanos negros a terrenos que son propiedad de sudafricanos blancos.

Según cifras del gobierno, un 72 por ciento de la tierra que no está en manos del Estado es propiedad de sudafricanos blancos, que representan menos del 10 por ciento del conjunto de la población. Aunque algunos analistas rechazan la validez de esta estadística, pocos en Sudáfrica ponen en duda el déficit de acceso a la tierra que sufren los negros debido a siglos de discriminación.

 

La primera gran enmienda a Mandela

Hasta el momento, el mecanismo utilizado por los sucesivos gobiernos del CNA para devolver la tierra a las comunidades de color que fueron desplazadas de manera arbitraria por las administraciones de la minoría blanca en el pasado requería del acuerdo del propietario, que recibía por parte del gobierno una indemnización similar al valor del terreno en el mercado. Según sus críticos, entre los que se cuenta la actual dirección del CNA, este modelo no ha dado los resultados deseables, y debe ser sustituido por uno más agresivo que dé más poder al Estado para corregir los efectos del apartheid y el colonialismo.

El cambio en la ley fundamental propuesto por Ramaphosa a sus votantes supone la primera gran enmienda del CNA a la obra política de Nelson Mandela, quien dedicó buena parte de sus esfuerzos como presidente a conjurar el miedo de la minoría blanca a procesos traumáticos de descolonización como los que vivieron las vecinas Zimbabue o Mozambique.

Este tono conciliador se puede ver en el programa electoral con que el CNA de Mandela ganó las elecciones de 1994, en el que no aparece ni una sola vez el término “expropiación”. “Sudáfrica pertenece a todos los que viven en ella”, comienza la sección dedicada a la “reforma de la tierra”, en la que el partido se compromete a “garantizar a las víctimas de las evacuaciones forzadas [durante los años de apartheid y colonialismo] la restitución, que debe ser llevada a cabo de manera justa a través del Tribunal de Reclamaciones de Tierras”.

El programa electoral con el que Ramaphosa pide la confianza de sus compatriotas tiene un contenido muy distinto en lo que se refiere a la tierra, un asunto central en la vida política sudafricana con una importante carga simbólica para todas las comunidades del país. El texto habla de “revertir las injusticias históricas” contra “la mayoría negra” mediante una reforma de la tierra “sostenible y radical”, y menciona hasta en 14 ocasiones “nuestra gente”, en referencia a los sudafricanos negros (por el contrario, las grandes promesas electorales van dirigidas “a todos los sudafricanos” en el programa electoral de 1994).

Para contrarrestar la inquietud creada, Ramaphosa se esfuerza en tranquilizar a quienes serán el blanco de las expropiaciones sin compensación que pronto podría amparar la Constitución. “Puedo aseguraros que el proceso de reforma de la tierra es algo a lo que nunca debemos tener miedo”, dijo el presidente ante un auditorio de granjeros blancos en la provincia del Cabo Occidental. “Se hará según el Estado de Derecho y la Constitución”.

A pesar de los mensajes tranquilizadores de Ramaphosa, que ha llegado a decir sobre los jóvenes blancos sudafricanos que “si pudiera los ataría a un árbol” para que no emigraran, el flamante líder del CNA no ha conseguido disipar la inquietud entre los granjeros y muchos empresarios, especialmente entre la comunidad blanca que sufrirá las nacionalizaciones. Organizaciones como la patronal de granjeros y agricultores Agri SA se han referido a los planes expropiatorios como “otro clavo” en el ataúd de la economía sudafricana.

Estos sectores conservadores y liberales con gran poder intelectual y económico en el país son precisamente los que Mandela más insistió en incluir en su proyecto de reconstrucción nacional.

Entre quienes rechazan las expropiaciones sin compensación están también la Fundación De Klerk, dirigida por el expresidente y socio de Mandela en la transición Frederik de Klerk, y la Fundación Thabo Mbeki, del dirigente del CNA que sustituyó a Madiba en la jefatura del Estado. En un documento interno de la fundación que fue filtrado a la prensa, Mbeki alerta sobre el uso del término “nuestra gente” limitado a los sudafricanos negros, y lamenta que el debate sobre la reforma agraria sugiera que no todos los sudafricanos lo son de pleno derecho. Mbeki acusó a su partido de traicionar el principio de “no-racialismo” que le ha definido históricamente, y lamentó que haga seguidismo de los Combatientes por la Libertad Económica (EFF, en sus siglas en inglés), el tercer partido del Parlamento sudafricano.

 

La opción más crítica con Mandela

Si las predicciones de las encuestas se revelan correctas, el partido que más crecerá el 8 de mayo será precisamente el EFF. Fundado en 2013 por quien aún es, como le llaman en argot chavista desde el partido, su “comandante en jefe”, Julius Malema, esta formación que tiene la boina roja como parte de su uniforme entró en el Parlamento un año después con más del 6% de los votos. Según los sondeos, Malema y sus combatientes mejorarán aquellos resultados, y podrían conseguir hasta el 14 por ciento de los votos.

Pese a provenir de las filas del CNA, donde fue jefe de juventudes y llegó a decir que estaba a dispuesto a matar por su después archienemigo Zuma, el “comandante en jefe” del EFF es uno de los pocos políticos sudafricanos de primera línea que se han atrevido a criticar abiertamente a Nelson Mandela. Durante un discurso pronunciado en 2016 ante el sindicato de estudiantes de Oxford, Malema afirmó que el padre de la democracia sudafricana “vendió” los ideales que inspiraban la lucha por la liberación para poder vivir “en una casa de ricos blancos”. Según Malema, que hacía referencia al chalet del aburguesado barrio de Houghton (Johannesburgo) donde vivió Mandela hasta su muerte, los lujos de Mandela corrían a cargo de “los Oppenheimer”, la todopoderosa dinastía minera que fundó Anglo American.

Cambiar la Constitución para que permita expropiaciones sin indemnización es uno de los puntos centrales del programa del EFF. El programa del EFF propone que el Estado sea custodio de toda la tierra en Sudáfrica. El partido, que tiene la revolución chavista como inspiración tanto política como estética, aspira además a nacionalizar “minas, bancos y otros sectores estratégicos de la economía, sin compensación”.

La revisión del legado de Mandela alcanza también al trato de las minorías en el caso del EFF. Uno de los principales logros del premio Nobel sudafricano fue evitar con su magnanimidad la guerra civil entre blancos y negros.

El discurso de Malema no puede ser más diferente. “No llamamos a masacrar a los blancos, al menos por ahora”, dijo el líder revolucionario en 2016 a un grupo de seguidores. En una decisión recibida con hilaridad e indignación el país austral, la Comisión Sudafricana de Derechos Humanos absolvió a Malema de las acusaciones de incitación al odio: “Aunque el enunciado puede ser considerado hiriente por la gente blanca, el contexto es importante. El señor Malema dijo que la gente blanca no sería asesinada bajo su liderazgo”. Malema también ha atacado a la minoría de origen indio (que representa el 2,5 por ciento de la población y también estuvo discriminada durante el apartheid). El jefe del EFF acusó a los indios de controlar la economía en la ciudad de Durban -la ciudad del mundo con más población india fuera de India- y les recriminó su supuesto trato denigrante hacia los negros. “Tratan a nuestra gente peor que los afrikáners”.

 

Oposición liberal, sin éxito

Aunque el propio Malema matizó después sus palabras sobre Mandela y el CNA siempre ha reivindicado al legendario estadista como patrimonio del partido, la formación que con más contundencia defiende la obra política del primer presidente negro es la Alianza Democrática (DA). Heredera del pequeño partido liberal de la burguesía progresista blanca que se oponía al apartheid desde el Parlamento exclusivamente blanco de entonces, la DA es, con el 22 por ciento de los votos, el primer partido de la oposición. Nadie en la política sudafricana de hoy apela tanto a la armonía racial y a la idea del “país del arco iris” que promovió Mandela como la DA, que sin embargo no ha conseguido sacudirse la etiqueta de “partido blanco”. Despierta mucha desconfianza entre los votantes negros.

El líder de la DA, Mmusi Maimane, ha dicho en repetidas ocasiones que su partido es el único que puede hacer realidad el sueño de Mandela. El nieto de Madiba, Mandla Mandela, ha acusado al partido opositor de “oportunista” y ha expresado su apoyo al CNA.

Fuente: El Confidencial

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