Viernes. 24.11.2017 |
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FRANCIA PIDE A WASHINGTON QUE SE IMPLIQUE MÁS EN LA LUCHA CONTRA EL YIHADISMO EN EL SAHEL

África será el próximo escenario de guerra del ejército de Estados Unidos

África será el próximo escenario de guerra del ejército de Estados Unidos

El desabrido comentario de Donald Trump a la viuda de un boina verde, muerto en Níger el 4 de octubre en el sentido de que “él sabía en lo que se metía”, ha llevado a los legisladores estadounidenses, y a la prensa, a preguntarse precisamente qué están haciendo sus soldados en África. La respuesta de los hombres del Pentágono no acaba de estar clara. Hay cerca de 900 efectivos en Níger, 6.000 en una veintena de países del continente africano, y su presencia carece de cobertura política de nivel por parte del Gobierno.

El principal objetivo militar estadounidense parece ser combatir el yihadismo pero de forma discreta y, significativamente, en apoyo de las tropas francesas en África. La semana pasada, en pleno escándalo por la manera desconsiderada con que Trump trató a la viuda del sargento La David T. Jonhson, la ministra francesa de Defensa, Florence Parly, era invitada al influyente think tank Center for Strategic & International Studies de Washington y pedía al jefe del Pentágono, James Mattis, y al consejero de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, que los franceses “estamos inmensamente agradecidos por el tremendo apoyo de EE.UU.” en la región del Sahel pero que “hay que hacer mucho más”. Parly les pidió que pasaran este mensaje a la Casa Blanca.

Francia tiene incluso más soldados en África que Estados Unidos: unos 7.000, de los cuales 4.000 están desplegados en cinco países, Mauritania, Mali, Burkina Faso, Chad y Níger, bajo el nombre de Operación Barkhane y como resultado de su intervención tras la insurrección tuareg en Mali, en el 2012, que derivó en una eclosión de las organizaciones y grupos yihadistas.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha intentado, sin éxito, reducir el gasto militar, por lo que no tiene más remedio que pedir ayuda si quiere seguir adelante en la región, algo que está señalado en su plan estratégico de defensa y seguridad nacional. Los planes están sobre la mesa y tienen nombre: G5 Sahel. Se trataría de que los cinco países mencionados movilizaran unos 5.000 soldados… pero además, aportaran dinero, nada menos que 10 millones de euros cada uno. Otra cosa es que los tengan.

La operación G5 Sahel costaría 423 millones de euros anuales. La Unión Europea ha prometido 50 millones; Francia, ocho; Alemania no se sabe, y no hay un céntimo más. La ONU respaldó el G5 Sahel en junio, el secretario general, António Guterres, hizo un llamamiento pero tampoco ha levantado fondos, y Estados Unidos se ha puesto de perfil al respecto.

La situación sobre el terreno deja mucho de ser alentadora. En la Operación Barkhane –lanzada el 2014- han caído 17 soldados franceses, contra sólo 28 yihadistas muertos o capturados. Francia ha estado recibiendo ese “tremendo apoyo” de EE.UU. al que se refería la ministra Parly, pero de forma discreta y en términos sobre todo logísticos.

Estados Unidos tiene su propia misión en marcha, pero es muy poco conocida. Juniper Shield fue lanzada por Barack Obama en el 2013, ante la expansión de Boko Haram en Nigeria y la proliferación de grupos alineados con Al Qaeda. Consiste básicamente en la busca y captura (o liquidación) de cabecillas yihadistas por unidades reducidas de sus fuerzas especiales –como los boinas verdes- en colaboración con tropas locales, pero asimismo en apoyo indirecto a la Operación Barkhane francesa: esta parte de la misión norteamericana recibe el nombre de Juniper Micron.

Este es el caso de lo sucedido en Níger el 4 de octubre cerca de la localidad de Tongo Tongo, en una región fronteriza con Mali. El Pentágono se ha visto obligado a dar explicaciones sobre la muerte de los cuatro soldados y, según el jefe de Estado Mayor, general Charles Dunford, soldados estadounidenses y nigerinos cayeron en una emboscada cuando recababan información sobre el entorno del jefe yihadista Adnan Abu Ualid al Saharaui. Durante el combate, en el que murieron asimismo cinco soldados nigerinos, pidieron apoyo aéreo a los franceses, pero los aviones no pudieron atacar por el riesgo de bombardear a las fuerzas propias.

La búsqueda de Al Saharaui ilustra la compleja situación de la lucha contra los yihadistas en el Sahel. Adnan Abu Ualid al Saharaui sería ahora mismo el operativo del Estado Islámico en la región. Nacido en El Aiún, militó en Frente Polisario en los años noventa y en el 2011 participó, al parecer, en la fundación de MUJAO, que operaba en Argelia y Mali, vinculada a Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y, según algunas versiones, conectada con los servicios secretos argelinos.

Al Saharaui tuvo mucho que ver en el secuestro de los cooperantes Rossella Urru, Ainhoa Fernández de Rincón y Enric Gonyalons en el campamento de refugiados saharauis de Raguni, en Tinduf (Argelia), en el 2012. En el 2013, MUJAO se dividió y una facción se unió al conocido traficante y yihadista Mojtar Belmojtar –conocido asimismo como Mister Marlboro y de quien no se sabe todavía si está vivo o muerto-. A esta facción, llamada Al Morabitún, se sumó Al Saharaui, quien en el 2015 provocó otra crisis al declarar fidelidad al Estado Islámico. Para EE.UU. está claro que milicianos vinculados al Estado Islámico fueron los que mataron a sus soldados.

No está claro, sin embargo, si Al Saharaui está al frente de Al Morabitún o más bien de un llamado Estado Islámico en el Gran Sahel, porque Al Morabitún se asoció en marzo a otros tres grupos, entre ellos AQMI, para formar Yama Nusra al Islam ual Muslimin, o Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes, bajo el mando del tuareg Iyad ag Ghaly, líder de Ansar al Din, una de las formaciones yihadistas que se apoderaron de la revuelta tuareg en Mali. El Grupo surgió como respuesta al auge del Estado Islámico, que ya constituye una mancha mayor en la región de lo que representa Boko Haram.

El combate a estas organizaciones es extremadamente complicado, al imbricarse en la población y en sus graves, profundas necesidades, en las tensiones locales y tribales. Así, según algunos informes, la población de Tongo Tongo está sufriendo las consecuencias de la emboscada del 4 octubre.

Para cualquier observador es evidente que si Estados Unidos se implica más en la región eso estimulará aún más la acción de los yihadistas e incrementará sus filas. Washington ha mantenido desde el 2013 un perfil bajo -incluso Africom, el centro de mando militar estadounidense para África, creado en el 2007, no se encuentra en el continente sino en Stuttgard–, pero la actividad militar, en programas de entrenamiento y en misiones de reconocimiento que pueden acabar en combates, como en el caso de Tongo Tongo, ha ido aumentando. 

Actualmente existen varias operaciones militares contra el yihadismo. Además de la de Estados Unidos en Níger, está la Fuerza Mixta Multinacional (FMM) contra Boko Haram, que reúne a Camerún, Nigeria, Níger y Chad, y que tiene considerables problemas. En el Sahel funcionan tres: la misión de la ONU, Minusma; la de la Unión Europea, EUTM, y la francesa, Barkhane. Pero si la francesa no acaba de lograr resultados, menos aún las otras dos. Minusma no tiene mandato ofensivo y sus efectivos, en Mali, se limitan a permanecer dentro de sus cuarteles, motivo por el cual no sirven para estabilizar –no digamos pacificar- el territorio.

La europea, EUTM, en la que participa España, se limita al entrenamiento de soldados. Pero, según un informe elaborado en Mali por el eurodiputado Javier Nart, su objetivo es formar “unidades de ocupación territorial ¡pero sin entrenamiento ofensivo!”, el programa de entrenamiento es muy corto e incluye aspectos como el vadeo de ríos ¡en un territorio desértico!

El proyecto G5 Sahel tendría que poner solución a todo esto, sumándose a la Operación Barkhane, pero si, por algún motivo, no sale adelante o se retrasa demasiado, el yihadismo se irá extendiendo más y más. Otro problema es la interacción de todas las misiones y la precariedad que afecta a todos los ejércitos africanos implicados. Por lo pronto, Chad ha retirado sus fuerzas (unos centenares de soldados) de la FMM contra Boko Haram precisamente en Níger, en lo que parece una protesta por la prohibición de entrada en EE.UU. a ciudadanos chadianos. Según Trump, Chad no colabora con EE.UU. en la lucha antiterrorista. Pero sí lo hace con Francia (los franceses tienen su base operativa en ese país), y además ha manifestado su respaldo al G5 Sahel.

¿Se trata de otro paso a ciegas por parte de la disfuncional Administración Trump, que aún no tiene un alto funcionario dedicado al continente africano (en el Departamento de Estado prácticamente todos son adjuntos en funciones, y el puesto del responsable para el este de África está vacante)? La pregunta es, en estas condiciones, si los responsables de Washington acabarán por sentirse arrastrados a una intervención militar de gran envergadura en África.

El Pentágono ha dibujado un inquietante escenario para el 2021, destinado a unos ejercicios militares desarrollados online recientemente por las tres ramas de las fuerzas armadas y que han sido divulgados por The Intercept. Según esta hipótesis, AQMI cuenta con 38.000 combatientes y se ha expandido por Argelia, Mali, Mauritania, Níger y el Sahara Occidental, y lejos de enfrentarse con otros grupos, ha establecido vínculos con Boko Haram y con Al Shabab en Somalia.

Los yihadistas llevan a cabo una serie de atentados, el más grave de todos, para EE.UU., en un túnel entre Nueva York y Nueva Jersey. Estados Unidos y Canadá lanzan una operación militar con 70.000 soldados de la que los canadienses acaban retirándose al sufrir muchas bajas. Al final, para los estadounidenses la guerra se eterniza, como siempre…

Fuente: LaVanguardia. Ver artículo original aquí: "La próxima guerra de Estados Unidos será en África".

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